Del creepypasta al cine, A24 ha estrenado su nueva película de terror bajo la dirección de Kane Parsons (Kane Pixels), quien debuta en la pantalla grande con Backrooms (Kane Parsons, 2026), una obra que transforma una leyenda urbana en un relato cinematográfico inquietante.
Entonces, la cinta está protagonizada por Chiwetel Ejiofor (Clark) y Renate Reinsve (Mary), quienes interpretan a un paciente y su psicóloga, a través de ellos, la película explora traumas personales y la fragilidad de la mente humana, en un guion que resulta tan interesante como estresante.
La premisa es atractiva, llevar un fenómeno de internet a la gran pantalla y demostrar que puede ser más que un corto viral de YouTube, por ello, la película introduce elementos de falso documental en algunos pasajes, para reforzar la sensación de realismo y potenciar la atmósfera claustrofóbica que caracteriza a la propuesta.
Los laberintos de Backrooms
Kane Parsons entrega un terror distinto al convencional, y es que aquí la amenaza no es un ente demoníaco invencible, sino los propios demonios internos de los personajes, entonces el primer acto es el más sólido debido al sonido de estática, los pasillos interminables y la sensación de encierro generan un estrés constante. Con ello, el descubrimiento de Clark en este nuevo mundo y su progresiva pérdida de cordura son los momentos más logrados.
Sin embargo, la película se dispersa, al igual que sus personajes, parece perderse en lo que quiere transmitir debido a que la mezcla de géneros abruma y confunde, dejando al espectador sin claridad sobre el rumbo narrativo. Aunque Mary aporta un tercer acto lleno de acción y tensión, el desenlace se siente apresurado, como si el director buscara cerrar la historia sin un rumbo sólido.
Mary, además, se convierte en el personaje más interesante de la cinta, su trasfondo como psicóloga y sus propios traumas añaden capas de complejidad que enriquecen la narrativa. En contraste, Clark se hunde en una espiral de desesperación que, aunque bien interpretada, no logra generar suficiente empatía debido a lo limitado del guion.
Caída en espiral
Tras un inicio prometedor, la cinta entra en una espiral de repetición, donde el recorrido por los distintos cuartos se abandona y gran parte de la trama se estanca en la famosa habitación amarilla. El recurso de los diálogos explicativos sustituye la exploración visual, debilitando el impacto narrativo.
Además, el guion se centra demasiado en el trauma del protagonista, lo que conduce a un final anticlimático, por ello, la falta de empatía con Clark y la simplicidad del libreto hacen que los actores trabajen con un material limitado. Aunque Ejiofor y Reinsve cumplen con sus roles, el guion no les permite brillar ni aprovechar todo su talento.
La película, además, desaprovecha la oportunidad de expandir el universo de los Backrooms, debido a que los pasillos infinitos y las habitaciones misteriosas podrían haber sido un terreno fértil para la imaginación, pero la narrativa se reduce a un espacio único y repetitivo. Esa decisión resta fuerza a la atmósfera y limita el potencial de la propuesta.
Una habitación sin salida
Backrooms se siente como el destello de algo más grande que aún está por venir, su final confirma esa impresión ya que más que una película cerrada, parece el inicio de una serie o de un proyecto mayor. El primer acto es brillante, pero la narrativa se diluye en una repetición que resta fuerza al conjunto, al terminar, queda la sensación de que apenas vimos el prólogo de una historia que podría desarrollarse mejor en un segundo episodio.
Por ello, al finalizar la cinta me quedó la pregunta: ¿esto fue todo? La película deja la impresión de ser apenas el comienzo de algo más ambicioso, y aunque genera curiosidad, también evidencia que necesita mayor solidez narrativa para convertirse en un clásico del terror contemporáneo. Pero recuerda, esta solo es mi opinión y ahora falta la tuya.





Deja un comentario