La quinta entrega de la saga adolescente sobre los hijos de los personajes de Disney se estrenó el pasado jueves 16 en Disney Channel y al día siguiente en Disney+. Al igual que la anterior película, esta está protagonizada por Kylie Cantrall como Red y Malia Baker como Chloe, hijas de la Reina de Corazones y Cenicienta respectivamente. No obstante, a diferencia de «Descendientes: Corazón Rebelde» (2024, Jennifer Phang), esta cuenta con la dirección de Kimmy Gatewood.

La verdad es que el cambio de dirección se hace notar considerablemente para mejor. Si bien esta película no ha sido santa de mi devoción, se puede decir que la historia que cuenta se siente completa, cosa que con su predecesora no ocurría.
Aquí partimos de la premisa de una línea temporal que ha sido alterada por los sucesos que vimos hace un par de años: la Reina de Corazones nunca fue una villana, Red tiene una hermana pequeña llamada Pink y el Sombrerero Loco es malvado. Además, nos presentan a todo un repertorio de nuevos personajes, siendo estos: Luis Madrigal, hijo de Luisa Madrigal; Max, hijo del Sombrerero Loco; Hazel Garfio, hija del Capitán Garfio; Robbie Hood, hijo de Robin Hood; Felix Facilier, hijo del Doctor Facilier; y los gemelos Smee, que ya aparecieron hace 7 años en Descendientes 3 (2019, Kenny Ortega).

Entrando en materia, si bien lo que se plantea en la cinta es interesante, la ejecución es muy mejorable. Por un lado encontramos el conflicto de Max, que descubre que tenía una vida feliz con su padre antes de que Red evitara que su madre sucumbiera a la oscuridad. Por otro lado, tenemos a Chloe, que siente que su mejor amiga la hace de menos. Si bien el primer de estos conflictos está bastante correcto, el segundo carece de justificación y se siente muy espontáneo. Es como si quisieran hacernos creer que Red y Chloe llevan toda la vida siendo mejores amigas cuando se conocen de apenas unos días, cosa que parece que los guionistas han olvidado.
En lo que se refiere a las canciones, sucede lo mismo que en todas las películas de Disney Channel de los últimos 8 años. Los temas son esencialmente rapeados, haciendo que los personajes simplemente pasen de hablar en prosa a hablar en verso con una base de fondo. Y ojo, no es un problema del rap, sino de cómo se utiliza. En los musicales, las canciones no son meros diálogos con música, sino que aportan intensidad, justifican a los personajes o permiten expresar lo que las palabras no pueden hacer por sí mismas. En este caso, con alguna excepción, esto no ocurre.
Estéticamente, arrastramos el problema de la cuarta. Los vestuarios se sienten disfraces y las pelucas muy poco realistas, a diferencia de lo que ocurría en la trilogía original, donde veíamos varios cambios de indumentaria con diseños que daban a los personajes mucha más personalidad. Honestamente, creo que es un error marcar a las protagonistas de rojo y azul hasta el punto al que se llega. Si bien pueden tener sus colores característicos, opino que no hay necesidad de que estos estén presentes en sus pelos con los tonos intensos en los que están. No obstante, el aspecto de Chloe cuando se corrompe se salva bastante, aún sin ser perfecto.

La película acaba en un cliffhanger con Pink encontrando un artefacto misterioso que la hija del Gato de Cheshire, a quien da voz Awkwafina, nos da a entender que será importante para la continuación. Honestamente, no sé muy bien qué esperar de esta franquicia y queda esperar probablemente un par de años para saber qué es lo que depara.





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