
En 2013, el director alemán Philipp Stölzl presentó al mundo su adaptación de El médico basada en el libro de Noah Gordon (The Physician), una producción alejada de Hollywood, las estrellas, los grandes presupuestos y los recursos ilimitados que, sin embargo, tuvo entre su reparto a actores de primer nivel como Ben Kingsley, Stellan Skarsgård y un Tom Payne que aún no se había presentado en The Walking Dead pero que ya demostraba un gran talento y la capacidad de sostener una película como protagonista.

Hoy, en este primer día de 2026, Stölzl estrena en cines la segunda parte, El Médico II, una producción valiente, de nuevo alejada de Hollywood, y esta vez con más riesgo al tratarse de una secuela que, en esta ocasión, no se basa en un libro de Noah Gordon sino en un guion original que continúa la historia de El Médico.

En esta nueva historia, Rob Cole (Tom Payne) regresa a Inglaterra, tras su paso por la escuela de Ibn Sina (Ben Kingsley) en Oriente, con la intención de llevar a su tierra los conocimientos médicos que ha adquirido y mejorar la vida de sus gentes.

Pero, tras un largo y tortuoso camino en el que sus compañeros pasan muchas penurias y se pierden muchas vidas, descubre que no va a ser fácil ser reconocido como médico entre sus compatriotas. Inglaterra se encuentra sumida en una crisis, con conflictos religiosos entre cristianos y los pueblos de origen celta, con una reina (Emily Cox) que se ha hecho cargo del trono mientras su marido (Liam Cunningham) estaba enfermo y ha generado discordia entre la población haciendo que sólo se distingan las diferencias entre los ciudadanos, y que se crea que los que son diferentes son el enemigo.

En este contexto, Rob se ve obligado a tratar de montar un hospital con los escasos recursos de los que dispone y la ayuda de sus amigos, mientras trata de aprender nuevas técnicas médicas que le permitan ayudar de formas que Ibn Sina aún no había descubierto.

Es esta historia de los nuevos avances médicos la que nos arrastra por toda Inglaterra de la mano de Tom Payne, quien es, de nuevo, un protagonista excelente como ya lo fue en la primera entrega, y que en esta ocasión, en lugar de compartir escena con actores del nivel de Ben Kingsley o Stellan Skarsgård, lo hace con conocidos actores de series medievales como Liam Cunningham, Owen Teale o Aidan Gillen, a quienes vimos en Juego de Tronos, y Emily Cox, a quien conocieron los que disfrutaron de la excelente serie The Last Kingdom (Bernard Cornwell, 2015-2022).

Pero es que, además, hay que destacar la brillante interpretación de Áine Rose Daily como la princesa Ilene, quien tenía ante sí la compleja tarea de presentar un personaje con dos rasgos de personalidad y contextos mentales diferentes, mucho lenguaje corporal y gestual, y la necesidad de expresar mucho sin tener apenas líneas de diálogo para hacerlo.

Por su parte, la dirección de Stölzl es una muestra de que, a veces, los excesivos presupuestos de Hollywood en las grandes producciones sólo llevan a que, ante la abundancia de recursos, no haya un estilo o plan claro.

Esta película es una película medieval que, en escala, podría perfectamente igualarse con otras películas medievales recientes como El último duelo (Ridley Scott, 2021) pero cuyo presupuesto ronda menos de la mitad (si nos guiamos por lo que costó la primera parte en 2013 en una película con más estrellas y más exóticas localizaciones).

Sin embargo, Stölzl dirige con una técnica que da a entender que tiene las ideas claras y una estética muy específica en mente. Y esto le permite crear ante nosotros una producción que es verdaderamente digna de verse en la gran pantalla y que nada tiene que envidiar a las grandes películas históricas que todo el mundo considera las mejores de la historia del cine.

Esto no quiere decir que esta es una de las mejores películas de la historia, pero sí se puede afirmar que el equipo técnico y artístico a cargo de esta película demuestra que el problema de los presupuestos en Hollywood es en ocasiones una cuestión de mal uso y desperdicio de recursos si vemos que se puede hacer mucho más con menos.

Y si nos ponemos a comparar El Médico II con algunas películas históricas que todos reconocemos como las mejores y más reconocidas de la historia del cine, no puede sino destacarse una escena en particular en la que Rob y sus amigos se adentran en una isla en la que los ingleses encierran a todos los enfermos mentales y que claramente bebe de la escena del valle de los leprosos de Ben-Hur (Dir. William Wyler, 1959).



En conjunto, El Médico II es una excelente película en solitario, una brillante secuela con un guion exquisitamente construido que es una verdadera sorpresa al no haber un libro que adaptar, y una experiencia verdaderamente merecedora de sentarse en la sala del cine a disfrutar de este viaje al medievo (con la ventaja de que, en lugar de las 3 horas que se están volviendo costumbre, es capaz de contarte toda la historia en menos de 2 horas y media).

Si tenéis ganas de una experiencia diferente de lo que nos proponen las grandes películas de Hollywood y de pasar un buen rato con una aventura medieval, no podríais escoger empezar el 2026 con una mejor película.

El Médico II ya está disponible en cines.






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