Esta es una crítica a Spider-Man Brand New Day libre de spoilers.
Algo que muchos seguidores del cine de superhéroes repiten es que les ha ayudado a comprenderse a sí mismos. Puede que a muchos ajenos al subgénero les resulte extremo y naíf. Y, hasta cierto punto, lo es. Más si tenemos en cuenta que una parte de estos iconos pop son ricos a mansalva con nula conciencia social. Figuras nacidas bajo el amparo de una élite donde ellos (el ser superior) salvan al indefenso (el pueblo) frente al sistema (el mal) que ellos mismos necesitan para gastar sus cantidades ingentes de dinero y perpetuar su estatus.
El otro día escuchaba a una criminóloga contar una anécdota en un pódcast. Al cruzarse en el hospital con un médico conocido mientras ella acompañaba a un cliente, este le espetó: «Cómo está hoy de lleno esto». Ella respondió de forma tajante: «Pues da gracias, que eso es lo que te mantiene el trabajo». Él asintió: «Lo mismo te digo».
Son palabras duras, puesto que cualquiera con un mínimo de raciocinio pagaría millones por una sociedad pacífica y sana, por utópico que suene. Pero exponen una realidad ineludible: ¿quiénes serían los superhéroes sin el crimen? ¿Dónde desahogarían sus necesidades de ayudar al pueblo? ¿En la política, la ciencia, el arte?
Un nuevo día para Spider-Man
La nueva película de Spider-Man (Spider-Man Brand New Day), dirigida por Destin Daniel Cretton (Just Mercy, Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos), no intenta dar respuesta a esa dicotomía. Pero sí plantea una reflexión que me dejó dándole vueltas al salir de la sala. Spider-Man siempre ha huido del aristocratismo de sus compañeros de traje. Peter Parker es un perdedor que vive en Queens, en una familia donde el dinero nunca abundó. Un chaval al que la casualidad llevó a desarrollar unas capacidades que decidió usar para apuntalar el sistema, no para destruirlo.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el sistema al que pretendes ayudar te engaña y te traiciona? Probablemente, te rebelas contra él. Esta dinámica no se aplica solo al superhéroe, sino al propio tejido social. Es el reflejo de una revuelta que hoy vivimos en nuestras carnes a nivel global, frente a un orden mundial que nos ha traicionado entre corrupción y mentiras. Una desesperación a la que fenómenos como el nuevo auge de la ultraderecha intentan dar solución, por nefastas que puedan ser las consecuencias.
Crítica a Spider-Man Brand New Day: El duelo desde un cuchitril de Queens
Con este telón de fondo, el nuevo filme de Marvel Studios y Sony Pictures marca el inicio de un soft-reboot para el Tom Holland de esta nueva etapa. Tras una trilogía a cargo de Jon Watts, impersonal y con bastante poco interés cinematográfico, Cretton toma las riendas del personaje más querido de la factoría y lo lleva a tierra en todos los aspectos. Encontramos a un Peter Parker roto por el duelo —un tema central de toda la película—, que ha perdido a las tres personas más importantes de su vida y que ahora sobrevive independizado en un cuchitril de Queens, forzado a esconder de nuevo su identidad tras los hechos de Spider-Man: No Way Home.
Desde allí, intenta ayudar a la policía y a la ciudad de Nueva York sin mucha grandilocuencia. Algo que cristaliza en una hábil secuencia de montaje inicial que es de lo mejor que hemos visto del personaje desde su llegada al universo cinematográfico contemporáneo. Pero, como en todas estas cintas, todo cambia ante la irrupción de una amenaza que ni él mismo puede comprender. Me ahorraré los detalles argumentales, pero basta decir que se aproxima una buena dosis de contenido para los fans, con la introducción de conceptos que recuerdan a la forma de expandir el universo de aquellas Fases 1 y 2, anteriores al fenómeno Infinity War – Endgame.

Un nuevo inicio
Más allá de la habitual dosis de fan service, lo que realmente sorprende de esta cinta es el respeto hacia el personaje y a su público. No porque pretenda ser conservadora, que también, sino por la capacidad de su nuevo director y guionistas —curiosamente, los mismos de la anterior trilogía— para abordar una nueva forma del superhéroe, más cercana al tratamiento que le dio Raimi a principios de este siglo. Claro que luego cae en muchos lugares comunes y evidentes. Pero Parker es más maduro, toma decisiones más coherentes y, además, la película incluye una capa política muy contemporánea alrededor del trato del sistema hacia el diferente. Y de cómo el personaje, que aún mantiene esa mirada algo naíf, lo ayuda casi sin darse cuenta, mientras le apuntan por debajo de la gabardina por si hace algo que no les beneficia.
La mirada POP
Pero, por encima de todo, está contado con bastante buen gusto. Se nota el sello de Cretton que ya vimos en Shang-Chi y en la serie de Wonder Man estrenada a principios de año. En términos de puesta en escena, se atreve a innovar con ideas frescas, especialmente en esas escenas de vuelo entre los rascacielos de la Gran Manzana. Y aunque resulta reiterativo con ciertos leitmotivs —algunos además algo kitsch—, durante las casi dos horas y media de duración (que pasan de un plumazo, todo hay que decirlo) se agradece que intente ir más allá del abecé que Marvel ha implantado en sus películas desde hace años.
Algo a lo que también ayuda la dirección de fotografía de Brett Pawlak. Si bien falla en muchas escenas donde el digital acecha y se siente algo cartón piedra —a lo que tampoco le hace bien unos VFX que llegan a la gran pantalla sin terminar de pulir—, cuando tiene la libertad de rodar sin pantallas verdes de fondo, entrega uno de los mejores trabajos del MCU en los últimos diez años. Un acabado visual que acompaña de maravilla a esa madurez plasmada durante toda la película. Y que va de la mano de una nueva BSO a cargo del gran Michael Giacchino, menos incisiva y espectacular que en cintas anteriores. Abrazando un tono algo más pop, gracias a la inclusión de canciones licenciadas de todo tipo; hasta Bad Bunny y su «Eoo» tienen cabida (con el indudable acierto de evitar el camino evidente de incluir «NUEVAYoL»).

Sadie Sink y el fin de la inercia dentro del MCU
A nivel interpretativo, Tom Holland capitaliza este margen de juego y protagoniza algunos de los momentos más interesantes del personaje en toda la franquicia. A su lado brilla Zendaya con un papel pequeño, pero de gran relevancia y madurez, muy lejos de lo que muchos querían o esperaban de ella. Aunque la gran vencedora de la cinta es Sadie Sink, quien ofrece la actuación de mayor calidad de la película gracias a una profundidad dramática y política sorprendente. Un trabajo también marcado por el duelo que recuerda, por momentos, a lo mejor de Thunderbolts (2025). Mención especial para el Punisher de Jon Bernthal, que se niega a quedarse en el mero alivio cómico y llega a nuevas cotas dramáticas.
En su conjunto, Spider-Man: Brand New Day no reinventa la rueda. Su guion es bastante convencional y cae en los habituales problemas y tropos del MCU, además de mantener un diseño de producción que no es nada especial. Pero su fresca dirección, su enfoque más político y el retorno a la esencia del personaje harán las delicias de un público ansioso por ver algo genuino. Es un nuevo inicio; esperemos que no haya muchas curvas en el futuro.
Crítica Spider-Man Brand New Day.
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