Una secuela que sube el nivel en todos los sentidos: más acción, risas y por supuesto… más sangre

Ready or Not 2: Here I Come (Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, 2026) es una excelente película y una muy digna secuela de la original. Constantemente engrandece a la primera entrega, expandiendo la mitología sin volverse aburrida en ningún momento. Teniendo tan solo 1 hora y 45 de duración, se da el tiempo para desarrollar hasta al antagonista más secundario y de fortalecer el vínculo entre las hermanas protagonistas sin dejar de ser frenética, divertida o por supuesto llena de sangre y acción.

Luego de que su noche de bodas haya resultado en una masacre porque la familia de su novio pertenecía a un culto satánico, Grace salió victoriosa tras vivir el peor día de su vida, lo que ella aún no sabe es que tendrá que vivir todo eso otra vez, pero en esta ocasión acompañada de su hermana extrañada Faith, porque como sobrevivió al juego de escondidas ahora está obligada a jugar un doble o nada en contra de otras familias pertenecientes al culto quienes intentan aprovecharse del vacío de poder. Si bien han pasado 6 años en la vida real la secuela comienza exactamente donde lo dejó la primera con una transición casi imperceptible evidenciando la evolución y maestría de los cineastas detrás de esta historia.

El dúo de directores conocido como Radio Silence regresa para darle continuidad y convertir en franquicia a la película que los volvió quienes son a día de hoy. Queda bastante claro desde el primer momento que Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin han aprendido mucho a lo largo de los años. No por nada les dieron las riendas de la franquicia de Scream para la quinta y sexta entrega que revitalizaron no solo esa saga sino todo el género.

La cinta es la evolución del slasher en todo sentido, los asesinos también son torpes como en la primera entrega, pero a diferencia de esta en ningún momento se ve perjudicado el ritmo frenético y hasta el personaje más secundario es memorable, incluso se plantean rivalidades muy interesantes que alcanzan mayor profundidad con un revisionado. Mención especial para los personajes de Ursula y Titus interpretados por Sarah Michelle Gellar y Shawn Hatosy, unos gemelos sedientos de poder en donde ella siempre quiere tener control de la situación y sin darse cuenta menosprecia a su hermano quién está lleno de masculinidad tóxica reprimida, desquitándose con las protagonistas.

El paralelismo “héroe-villano” es más que claro, si bien no es original y a veces la relación entre Faith y Grace puede caer en clichés, cualquiera de esos momentos es elevado por la química que tienen ambas actrices. Samara Weaving jamás pierde el protagonismo, pero es Kathryn Newton quién se roba los reflectores en esta ocasión, es carismática divertida e insegura sin caer pesada en ningún momento, contrastando a la perfección con el personaje de Weaving. Al fin y al cabo son las circunstancias cercanas a la muerte las que reúnen a las personas y este sangriento juego del escondite no hace más que fortalecer la relación entre dos hermanas que no se veían hace años.

La cinta conocida como Boda Sangrienta en Latinoamérica o Noche de Bodas en España sin dudas hace honor a su nombre. Se las arregla para ser extremadamente divertida, especialmente en un momento particular en donde se hace muy buen uso de la gran selección musical. Es un acierto en prácticamente cualquier aspecto y un buen rato en el cine más que asegurado para cualquiera que le haga gracia ver personas estallar, o también para aquellos con fe de que este pueda ser el slasher que los vuelva fanáticos del género.

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