El Infiltrado, también conocida como The Night Manager (2016-2026) es una serie curiosa en esta época de proliferación de las series de tevisión.

La primera temporada, estrenada en el año 2016, contaba la historia completa presente en el libro homónimo de John Le Carré, el famoso autor de novelas de espionaje al que también se conoce por “La Casa Rusia” (de la que Fred Schepisi hizo una excelente película en 1990 con Sean Connery como protagonista), “El Topo” (adaptada en 1979 por la BBC para televisión y en 2011 por Tomas Alfredson con Gary Oldman como el personaje principal), y “El espía que surgió del frío” (cuya adaptación cinematográfica en 1965 corrió a cargo de Martin Ritt con el legendario Richard Burton como estrella).

Tom Hiddleston es el encargado de noche, el Infiltrado, The Night Manager

La cuestión con esta primera temporada era que el libro, al situarse en los años noventa, se consideró que tenía algo menos de interés para el público que si se adaptaba la trama a la actualidad. Es por eso que el protagonista sigue siendo un recepcionista y encargado de noche en un hotel al que los servicios secretos británicos acaban reclutando para que ayude en la caza de un peligroso traficante de armas.

Pero, en lugar de empezar en el Egipto de los 90, te lo sitúa justo durante la Primavera Árabe, y el tráfico de armas no afecta a las numerosas guerras de los años noventa, sino a todas estas revueltas y alzamientos, guerras y conflictos que se han visto en Oriente Medio y otras partes del mundo entre 2010 y 2019.

Tom Hiddleston al inicio de la primera temporada, justo cuando comienza la Primavera Árabe

Eso en sí mismo no es un problema ya que la primera temporada es excelente y, para aquel que no haya leído el libro antes, resulta tan redonda que, sabiendo lo excelentes que son los libros de John Le Carré, se asume que es porque el propio libro se adaptó sin cambiar nada.

Tom Hiddleston como Jonathan Pine en la primera temporada de «El Infiltrado» (The Night Manager)

Es por esto que, aunque se deja ligeramente abierta, realmente se puede afirmar que la primera temporada cierra todo muy bien y cualquiera habría asumido que no era necesaria una segunda. Pero, también es cierto que ese punto ligeramente abierto, junto con el hecho de que el personaje principal es muy atractivo para cualquier espectador, dejaban abierta la posibilidad de que el personaje regresara, aunque fuera para otro caso en el que cambiaran por completo los ambientes.

Tom Hiddleston, de regreso como protagonista en la temporada 2

Aún así, y a pesar de que cada vez es más habitual que las series de televisión tarden muchos años en estrenar nuevas temporadas, ésta en concreto es una de las esperas más largas que hemos vivido recientemente, si no la mayor. Diez años han tenido que pasar para que The Night Manager regrese.

Y menudo regreso.

La nueva identidad de Tom Hiddleston en la temporada 2, un hombre de negocios sin escrúpulos

No sólo nos han traído de vuelta al reparto casi al completo, sino que han tenido la valentía de no optar por la vía fácil y buscar un nuevo caso para el protagonista. En su lugar, lo que han hecho ha sido atreverse a tirar del hilo de la única vía que les permitía continuar con lo ocurrido en la primera temporada de forma directa, y con éxito.

Pero, ¿qué hace que esta serie sea tan buena?

Esta segunda temporada lleva a Tom Hiddleston a lugares quizá más oscuros que la primera temporada

Cualquiera puede asumir que con un guion basado en un libro de un autor de novelas de espionaje tan bueno como John Le Carré (quien en los años 60 trabajó tanto para el MI5 como para el MI6 de los servicios secretos británicos), daría pie a una película o serie de mucha calidad.

Pero también hemos dicho que esta adaptación tenía que atar todos los cabos que surgían de la complicación de no hacer una adaptación literal del libro sino vincularle el cambio de época (con la complicación que tecnologías como los teléfonos móviles presentan a la hora de contar historias que se basan en la adquisición y protección de información).

Y la cuestión es que, como suele ser habitual en las series de la BBC (véase Downton Abbey, Peaky Blinders, Todas las criaturas grandes y pequeñas, Sherlock o Doctor Who, por mencionar algunas), los guionistas liderados por David Farr hicieron un trabajo excelente en ambas temporadas, aprovechando al máximo el cambio de época para presentar ideas nuevas sin perder por el camino la esencia de John Le Carré.

Tom Hiddleston como Mathew Ellis en la temporada 2

Curiosamente, es interesante mencionar que, quizá, para algunos, el trabajo más complejo no fuera el de la primera temporada, sino el de tirar del hilo de la segunda sin que se tenga la sensación de que se ha deshecho nada de lo logrado sin motivo o justificación lógica. Pero, ante todo, estamos ante guiones con una profundidad y un interés muy bien llevados, que manejan el suspense de forma brillante y cuyos diálogos (con ayuda de los excelentes intérpretes) están al más alto nivel.

Tom Hiddleston frente a Hugh Laurie, el duelo de titanes que sostiene la serie y en el que encontramos los mejores diálogos

Junto a ello, el trabajo de dirección, destacando especialmente el de Susanne Bier en la temporada original, construye muy bien la narrativa de espías. Y esta labor no es fácil, pues, el cine de espionaje, por necesidades narrativas, requiere de un empleo del lenguaje cinematográfico bastante diferente del que requieren otro tipo de historias. Aquí, se necesita un control de la longitud de las focales, las composiciones y los movimientos de cámara en función del contexto que, a diferencia de otras narrativas audiovisuales, está motivado por factores diferentes de la simple actividad del actor por el fotograma.

El control de las lentes y los planos del lenguaje audiovisual del cine de espías, que en este caso, da la sensación de proximidad pero también de estar siendo observado

Es por eso que las películas de James Bond son más cine de acción que de espías por mucho que el personaje sea espía, porque, si comparamos su lenguaje audiovisual y sus tramas con el de la saga de Jason Bourne o la mayoría del cine de espías de la Guerra Fría (incluyendo la excelente adaptación de El Topo de 2011 o Münich de Steven Spielberg), su lenguaje audiovisual es mucho más tradicional y bebe menos de las herramientas de este tipo de cine.

Tom Hiddleston con Elizabeth Debicki en la temporada 1

Y aquí, como mucho, es donde se podría encontrar la única pega de la temporada dos de esta serie tan magnífica. Susanne Bier no estaba disponible para dirigir los 6 capítulos de esta segunda temporada, como sí lo hizo con todos los de la primera, y en su lugar es Georgi Banks-Davies quien se puso a los mandos, optando por un estilo que se parece menos al del cine de espías.

Sin embargo, también hay que decir que no por ello se trata de un mal empleo del lenguaje audiovisual, ya que Banks-Davies dirige con soltura y controla a la perfección su estilo, por lo que es más una cuestión de falta de continuidad visual que otra cosa.

De hecho, las interpretaciones de todo el reparto son excelentes en ambas temporadas. Tom Hiddleston como Jonathan Pine, Andrew Birch, Thomas Quince, Jack Linden, Alex Goodwin o Mathew Ellis (es lo que tiene ser un espía que cambia mucho de alias); Hugh Laurie (el famoso doctor House) como Richard Onslow Roper, “el peor hombre del mundo” como se le define al principio de la primera temporada; la brillante Olivia Colman como Angela Burr, jefa de operaciones de Jonathan; Douglas Hodge como Rex Mayhew del MI5; Alistair Petrie como Sandy Langbourne el contable; y Noah Jupe como Danny Roper, hijo de Richard Roper. Y junto a ellos, en la temporada inicial, Elizabeth Debicki (Lady Di en The Crown) como Jed, pareja de Richard, y Tom Hollander como Corky, la mano derecha de Richard; y Diego Calva (Babylon) como Teddy Dos Santos,Camila Morrone como Roxana Bolaños e Indira Varma como Mayra Cavendish en la segunda.

En resumidas cuentas, un reparto estelar, lleno de actores conocidos entre los que aún faltan unos cuantos más que habrían engrosado este denso párrafo y a los que muchos espectadores pondrán cara por conocerlos de otras series o películas.

De izquierda a derecha: Richard Roper (Hugh Laurie); Jonathan Pine, Andrew Birch, Thomas Quince y Jack Linden (todos ellos Tom Hiddleston); Jed (Elizabeth Debicki); Angela Burr (Olivia Colman) y Corky (Tom Hollander), el reparto principal de la primera temporada
De izquierda a derecha: Teddy Dos Santos (Diego Calva); Roxana Bolaños (Camila Morrone) y Jonathan Pine, Alex Goodwin o Mathew Ellis(todos ellos Tom Hiddleston)el reparto principal de la segunda temporada

Este conjunto sostiene una serie que depende en gran medida de ellos, de sus personajes, evoluciones y, en ocasiones, múltiples rostros, pues el cine de espionaje, como el propio mundo de los espías, requiere que se muestren distintas facetas en función de la situación.

Todo ello, además, se cuenta aprovechando al máximo las localizaciones, desde el esperado Londres, pasando por Egipto, España, Suiza, Oriente Medio y Colombia, siempre fotografiados en su máximo esplendor y, además, evitando la habitual estilización falsa de las localizaciones exóticas con tintes amarillentos o azulados en función de si se las asocia con el frío o el calor.

Una escena de Elizabeth Debicki y Tom Hiddleston en Mallorca, España

Y ya por concluir, habría que mencionar la música y los créditos iniciales.

La primera está compuesta por Víctor Reyes y Federico Jusid (una temporada cada uno) con precisión quirúrgica, buscando siempre que el uso del leitmotiv principal se aplique justo cuando el momento así lo requiere, y que nunca sea la banda sonora la que destaque por encima de los demás elementos de una escena.

En cuanto a los créditos iniciales, hay que decir que, especialmente los de la primera temporada, son una lección de simpleza y simbolismo, jugando con la conexión entre la elegancia de los hoteles de lujo donde se mueve y trabaja el protagonista y las armas con las que trafica nuestro villano.

Es por todo este conjunto, por lo que una serie así resulta totalmente inesperada por su calidad y consistencia, mucho más cuando en cualquier otra entidad que no fuera la BBC se habría dado por muerto un proyecto con diez años de antigüedad. Pero, sobre todo, resulta sorprendente que, con el alto nivel que nos ofrecieron los primeros 6 capítulos en 2016, hayan sido capaces de mantenerlo tanto tiempo después y con cambios en miembros tan esenciales del equipo.

Y lo mejor es que, habiendo visto la segunda temporada, no tendremos que esperar diez años para continuar la historia, como ocurrió con la primera, pues ya hay confirmada una tercera que llegará pronto a nuestras pantallas.

Yo, por mi parte, no puedo esperar a verla.

Jonathan Pine y Richard Roper en la temporada 1

Si queréis disfrutarla, «El Infiltrado» (The Night Manager) está disponible en Amazon Prime Video.

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