Llega a nuestras pantallas una película que revisa uno de los episodios más estremecedores de nuestra historia reciente, a la par que uno de los más relatados. Se trata de Núremberg (James Vanderbilt, 2025), que proporciona su granito de arena en ese proceso judicial conocido como los Juicios de Núremberg, que dieron comienzo en mayo de 1945.

Para poner un poco de contexto, Europa estaba devastada tras más de una década de presencia de los totalitarismos fascista y nazi, a lo que se añaden seis años de guerra. El conflicto bélico que a día de hoy los historiadores hemos bautizado como II Guerra Mundial se saldó con millones de muertos y con el macabro descubrimiento de los campos de exterminio nazis.

Ante el suicidio de Adolf Hitler y gran parte de su gobierno, los Juicios de Núremberg se encargarían de juzgar a los gerifaltes nazis restantes, donde emerge la figura de Hermann Göring, el segundo de abordo de Hitler. La película aborda tanto su enjuiciamiento por crímenes de guerra y su conocimiento de los horrores que el régimen nazi perpetraba en los campos de exterminio, como su relación con el psiquiatra americano Douglas Kelley.

Dirige James Vanderbilt, cineasta estadounidense cuya fama se debe a su experiencia como guionista de diversos largometrajes de Hollywood como Zodiac (David Fincher, 2007), las cintas de The Amazing Spider-Man (Mark Webb, 2012, 2014) o las últimas películas de la saga Scream. En su corta filmografía podemos observar que es dado a relatar acontecimientos históricos en los que se pone en tela de juicio a alguien importante. En su anterior trabajo, La verdad (James Vanderbilt, 2015), puso bajo el foco la influencia del presidente Bush para escaquearse de ir a la Guerra de Vietnam en plenas elecciones presidenciales de 2004.

Tratando este acontecimiento histórico, es inevitable no pensar en Vencedores o vencidos (Stanley Kramer, 1961), la gran película que aborda los Juicios de Núremberg. La puesta en escena que maneja Vanderbilt es sumamente teatral y exagerada, cuando lo acorde sería un tono mucho más solemne que sí podemos ver en su predecesora. Más allá de eso, la narración de la película es bastante más ágil de lo que esperaba, por lo que su visionado se hace muy ameno para sus casi dos horas y media de metraje.

El guion, también firmado por Vanderbilt, está basado en la obra El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, donde se pone de manifiesto esa batalla de ingenio mantenida entre Kelley y Göring. Trasladado a la gran pantalla, se puede ver un duelo interpretativo entre Russell Crowe y Rami Malek que a los nostálgicos recordará al mantenido entre Hannibal Lecter y Clarice Starling en El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). La única diferencia es que para mí no existe duelo interpretativo, ya que Russell Crowe eclipsa a todas luces a Rami Malek.

Göring (Russell Crowe) establece una extraña y, en cierto modo, inverosímil relación con el psiquiatra Douglas Kelley (Rami Malek).

Otro de los puntos a los que siempre hace alusión el proceso de Núremberg es el hecho de si muchos nazis eran conocedores de los horrores que tenían lugar en los campos de concentración y exterminio desperdigados por toda Europa. Siendo Göring mariscal del III Reich, parece indudable que sabía lo que sucedía en lo referente a ese proceso conocido como la Solución Final, según el cual se llevó a cabo un exterminio sistemático del pueblo judío. Saquen sus conclusiones.

A diferencia de otros filmes de Hollywood que retratan este hecho, en esta película se puede notar cierto antiamericanismo en su mensaje. Más allá de ser algo relativamente novedoso, ya que Estados Unidos siempre quiere ser el muerto en el entierro, se realiza de manera tímida, sobre todo nos lo meten con calzador al final de la película de una manera muy descarada, alertando del peligro de posibles totalitarismos dentro del gigante americano en un futuro cercano. 

Sin duda alguna, el punto fuerte de la película es su reparto, destacando sobre todo a un gran Russell Crowe, sobre el que ha caído la difícil papeleta de interpretar a uno de los nazis más célebres. Más allá de ser un personaje abominable, Crowe derrocha carisma que traspasa la gran pantalla, eclipsando a todo intérprete con el que interactúa en la película, haciendo palidecer al propio Rami Malek. 

Hermann Göring (Russell Crowe) junto con otros altos cargos nazis siendo juzgado en Núremberg por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

No es de sorprender, ya que en Vencedores o vencidos, el reparto no era espectacular, sino estelar. Encontrando estrellas del Hollywood clásico como Burt Lancaster, Spencer Tracy, Marlene Dietrich, Judy Garland o Montgomery Clift. Soy consciente de que las comparaciones son odiosas, y sin querer menospreciar la carrera de algunos de los intérpretes figurantes en Núremberg, no hay color, ya que Michael Shannon, Richard E. Grant o John Slattery no alcanzan su nivel.

Russell Crowe construye un personaje cuya principales “virtudes” son la arrogancia y la altivez, ejerciendo una notoria presencia a lo largo de toda la película. Parece que ha vuelto ese Russell Crowe de los 90, el que fue nominado tres veces consecutivas al Oscar al mejor actor por El dilema (Michael Mann, 1999), Gladiator (Ridley Scott, 2000) y Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001), logrando el galardón por su insuperable Máximo Décimo Meridio.

De este modo, Russell Crowe, tras vagar interpretando exorcistas de medio pelo, postula su candidatura al Oscar y promueve un esperado regreso a la primera fila de Hollywood, demostrando que quien tuvo, retuvo. El que la academia considere el nominarle o no es harina de otro costal, haciendo que se valore más al personaje que al trabajo actoral realizado por Crowe. 

Hermann Göring (Crowe) declara ante el juez por su conocimiento de la Solución Final y los campos de exterminio nazis.

Esto es un arma de doble filo, ya que suele darse ennumerosos biopics de manera positiva, como así le sucedió al propio Rami Malek en Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018). También puede darse de manera negativa, como así le pasó a Bruno Ganz en El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), donde dio vida al mejor Hitler que he visto en pantalla.

Para concluir, decir que estamos ante una película de corte clásico americano, con un metraje ágil y sencillo, que por un lado resulta muy entretenida, pero en otros puntos resulta un poco inverosímil en determinados puntos como la relación entre Göring y Kelley. Más allá de esto, cuenta con la genial interpretación de Russell Crowe como baza principal, entrando en las quinielas para ser nominado en los Oscars del próximo año. Mi recomendación es que la veáis con ojo crítico.

Ya en cines.

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