Este año, el Festival de Sitges fue el elegido para estrenar la nueva película de Luc Besson, Dracula: A Love Tale. Y por supuesto, Mediaverso estuvo allí para cubrirlo.
El director Luc Besson es conocido sobretodo por películas de ciencia ficción como el Quinto Elemento (1997), Nikita, dura de matar (2020), Valerian y la Ciudad de los mil Planetas (2017) o Lucy (2014), entre muchas otras. Es un director con renombre y mucha trayectoria, pero alejado del estilo que se esperaría para hacer una adaptación de Drácula.
Pese a que resulte polémico, he de confesar que esta nueva adaptación me ha gustado mucho más que la anterior de Coppola, especialmente porque su película se hace llamar “Drácula, de Bram Stoker” y poco tiene que ver con el libro, ya que la premisa es completamente distinta, al igual que la profundidad del personaje principal, el Conde Drácula.
Por no hablar de la pésima adaptación que hicieron del personaje de Van Helsing y el reparto de algunos personajes de la película, que no fueron los más acertados (pienso inevitablemente en Keanu Reeves, que pese a ser un gran actor en esta película no se lució nada).
En cambio, esta nueva adaptación de Besson brilla por su elenco.
El actor Caleb Landry Jones (conocido por Dogma, 2023, Tres Anuncios en las Afueras, 2017 o la tercera temporada de la conocidísima serie Twin Peaks de David Lynch), hace un papel brutalmente perfecto, inquietante pero que a la vez genera mucha empatía. Evita esa extraña sensación de autoparodia de sí mismo, que me asaltó revisionando la de Coppola. La actuación de Landry, en mi opinión, es sencillamente impecable
Igualmente destacable la actriz Zoel Sidel, la cual no conocía pero creo que encarna una Mina que, a diferencia del personaje visto anteriormente, tiene mucho más temple y sentido. No se deja llevar por los estereotipos de las mujeres de época y en ningún momento es manipulada.
El personaje de Maria, interpretado por la actriz italiana Matilda de Angelis (The Undoing, 2020, entre otras) interpreta su papel de una forma encantadora a pesar de la oscuridad que representa. Me ha encantado. Su personaje tiene mucho más peso y lógica que la Lucy vista en la anterior versión.
Y qué decir del personaje de Van Helsing, interpretado por Christoph Waltz (Malditos Bastardos (2009), Big eyes (2014), entre muchas otras… Papel que hace, papel que lo borda.
Aunque no hay escenas tan polémicamente eróticas como en la anterior, la pareja central muestra naturalidad y un vínculo notablemente profundo y espiritual que trasciende siglos de una forma genuina y románticamente bonita.
Creo que es una película que ha pulido mucho la historia, volviéndola más bella y dejando atrás los aspectos que peor habían envejecido de la adaptación de 1992.
Y ahora, dejando de lado de las comparaciones, voy a hablar de lo importante: La película como tal.
El film deslumbra con una una fotografía espectacular, mostrando un ambiente gótico y medieval bellísimo, que revela una estética bastante única escena tras escena, como si estuviera meticulosamente planeada por un pintor.
Este singular romance salpicado de un característico humor negro propio del director consigue transportarte sin esfuerzo a diferentes épocas gracias a los increíbles efectos visuales.
Y, hablando del personaje principal, Drácula es mucho más sentimental y humano, movido por un claro motor romántico y unos objetivos clarísimos y obsesivos por estar profundamente enamorado. Es trágico, dramático pero tremendamente encantador a pesar del terror que puede llegar a infundir.
¿La recomiendo? Creo que está clarísimo que sí. A pesar de las malas críticas mixtas que ha podido recibir, a mi me ha encantado. Aconsejo volver a ver la película de Drácula de Coppola, tal como hice yo, para poder entender lo que digo. Aún así, advierto: los fans acérrimos de la anterior probablemente no van a estar de acuerdo conmigo.






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