¿Alguna vez vuestro vecino de al lado os ha pedido un favor como regarle las plantas o cuidar de su mascota? A simple vista parece inofensivo, pero quién sabe la historia que puede haber detrás. Algo así sucede en Bala perdida (Darren Aronofsky, 2025), el gran thriller de acción firmado por Darren Aronofsky, que llega a nuestras salas el 10 de octubre.

Hank Thompson, promesa truncada del béisbol, es un camarero en la Nueva York de los años 90. A pesar de sus frustraciones internas y los traumas del pasado, vive bien; con una pareja y un trabajo estables. Todo eso cambiará cuando su vecino punk, Russ, le pide que cuide a su gato durante unos días. Desde ese momento, Hank se sumerge en un entramado de traiciones, persecuciones, robos y violencia donde todos los gángsters de Nueva York quieren sacar tajada.

Después de tres años de ausencia en la gran pantalla, regresa Aronofsky con un nuevo proyecto que parece alejarle de su más profunda esencia, acercándose de lleno a su faceta más comercial. Trasladando al celuloide la obra del escritor y guionista Charlie Huston, nos traslada a la cada vez más lejana década de los 90 con esos rascacielos, los contestadores automáticos o los primeros móviles plegables.

Teniéndonos acostumbrados a dramas psicológicos intensos donde la obsesión es uno de los principales pilares, como Requiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000) o Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010) Aronofsky cambia de registro. A pesar de rebajar con creces su estilo, firma un proyecto interesante donde existe algún atisbo de su esencia.

La temática noventera sobre el crimen organizado, a lo que se unen personajes completamente pasados de rosca y estrambóticos hace que más que una película de Darren Aronofsky sea más bien una película de Guy Ritchie o de Tony Scott. En sus films podemos ver ese mismo tipo de personaje excéntrico a lo que se une un ritmo frenético en el desarrollo de la trama.

Bad Bunny y sus matones tratando de extorsionar a Hank (Austin Butler).

Una de las pocas pinceladas que vemos del estilo de Aronofsky reside en ese tono oscuro y pesimista con ciertos toques de autodestrucción como hemos podido ver en El luchador (Darren Aronofsky, 2008). Uno de los temas recurrentes de la historia principal reside en dejar atrás el pasado, de este modo podrás avanzar hacia el futuro y dejando de ser un “bala perdida” (se mancilla una vez más las traducciones del inglés). El protagonista se aferra a esta premisa, impidiéndole alcanzar una forma de vida más estable, sumergiéndole en una vorágine de tensión y violencia sin ninguna clase de tregua.

A la cabeza de un excelente reparto tenemos a Austin Butler, que desde que le fichó Tarantino como uno de los asesinos de la Familia Manson en Once Upon a Time in Hollywood (Quentin Tarantino, 2019), todos los grandes se lo están rifando. Un gran ejemplo es su aparición en la secuela de Dune, Dune: Parte 2 (Denis Villeneuve, 2024) tras su nominación al Oscar por interpretar al rey del rock’n’roll en Elvis (Baz Luhrmann, 2022).

Matt Smith como Russ, el vecino punk de Hank (Austin Butler).

El problema de la interpretación de Austin Butler es la presencia de grandes actores secundarios con cuya presencia se eclipsa al protagonista. Un claro ejemplo de esto sería la presencia de Matt Smith, que dejó la espada, la armadura y el dragón en Poniente para hacer de vecino punky fanfarrón y camorrista

También reseñar la presencia de Liev Schreiber y Vincent D’Onofrio como los rabinos mafiosos, recordándonos a esos personajes que podemos ver en Snatch: Cerdos y diamantes (Guy Ritchie, 2000) o en la franquicia de Peaky Blinders (Steven Knight, 2013-2022). Hasta la aparición de Bad Bunny cumpliendo con el estereotipo de, como no, gángster latinoamericano, le da un tono cómico y desenfadado combinando a la perfección con la tensión y la acción. E incluso me hizo sacar una sonrisa el cameo de Griffin Dunne como el heavy dueño del bar donde trabaja Hank Thompson, evocando así a ¡Jo, qué noche! (Martin Scorsese, 1985).

Liev Schreiber y Vincent D’Onofrio junto con Austin Butler en las calles de Nueva York.

Para concluir, estamos ante una película bastante equilibrada que supone un entretenimiento notable, ya que la alta velocidad del desarrollo de la historia juega mucho a su favor, dejándonos una reflexión simple aunque eficiente, y con unos personajes y situaciones que harán que nos lo pasemos bien en nuestra butaca.

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