Prime Video estrena este primero de octubre Play Dirty (Black S, 2025), o como será conocida en España/Latinoamérica, Juego Sucio. Es una película protagonizada por Mark Wahlberg, quien interpretará a Parker, un ladrón profesional que planifica el más ambicioso atraco de su carrera. Para ello, forma un equipo con especialistas como Grofield (LaKeith Stanfield) y Zen (Rosa Salazar).
Si bien la premisa de la película suena interesante —al tratarse de una cinta de atracos que podría recordarnos a personajes como Ethan Hunt con una mezcla de John Wick—, todo esto se derrumba rápido. Ya que estamos ante una cinta que no sabe qué quiere ser y parece mezclar dos ideas inconclusas.
En los primeros minutos se nos plantea una película de acción, donde vemos a Parker, un personaje serio, que roba un banco junto a su grupo de colegas. Por ello, en esta parte inicial, la cinta maneja de forma acertada la comedia y la acción entre los miembros del equipo. Pero todos esos personajes son eliminados de forma rápida para iniciar la “verdadera” película.
El problema es que se trata de una cinta que navega sin rumbo en busca de su identidad, por momentos parece Misión Imposible o John Wick, para luego virar hacia algo más cercano a Scary Movie. Por ende, estos saltos de tono y de estilo narrativo son tan bruscos que terminan sacando al espectador de la historia.
Esto mismo ocurre con Parker, un personaje que se siente fuera de lugar en el mundo construido. Nunca lo vemos encajar en las bromas de su nuevo equipo ni en su estilo. El contraste entre él y los demás personajes es abismal. Mientras todos parecen una caricatura, Parker es el único que avanza con seriedad.
Hacia la mitad, la película adopta un espíritu muy al estilo Robin Hood, cuando el grupo intenta robar un tesoro que un presidente de una nación latinoamericana pretende vender en el mercado negro de EE. UU., con el fin de quedarse con el dinero. En consecuencia, el plan de Parker es recuperar el tesoro y devolverlo a su nación.
Todo esto sucede mientras Parker y su nuevo equipo generan un caos en Nueva York, al dejar cientos de muertos y destrucción a su paso. Lo irónico es que nadie en la ciudad parece interesado en lo ocurrido. Nunca se nos da un indicio de que sean perseguidos por la policía, ni siquiera cuando descarrilan un tren.
En conclusión, Play Dirty es una película que cumple apenas en sus apartados técnicos, suficiente para un filme de fin de semana. Sin embargo, la historia carece del peso necesario para construir algo sólido. Donde todo recae es en Mark Wahlberg, quien entrega lo mejor de sí en una película que nunca supo qué quería contar a su audiencia. Pero recuerda, esta sólo es mi opinión y ahora falta la tuya.






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