El próximo 19 de septiembre llega a los cines La primera escuela (Louise Violet, 2024), una coproducción franco-belga dirigida y escrita por Éric Besnard, que nos transporta a la Francia de finales del siglo XIX con una sensibilidad histórica y estética admirable.
La película narra la llegada de Louise Violet, una maestra parisina que carga su propia mochila, a un pequeño pueblo rural donde debe convencer a los habitantes de enviar a sus hijos e hijas a la escuela. En una comunidad marcada por el campo y los cultivos, donde los cambios de la modernidad apenas rozan las tradiciones del día a día, Louise se convierte en un elemento disruptivo que simboliza los ideales republicanos de educación y libertad.
Desde la ficción histórica, la película no solo reconstruye la época en la que se ambienta, sino que también reflexiona sobre el papel de la escuela obligatoria, pública y laica en la consolidación de un modelo social. Además, nos acerca a las enormes dificultades a las que se enfrentaron las mujeres docentes en las zonas rurales.
El guion hace hincapié en el choque entre una sociedad campesina que rechaza esas transformaciones francesas de finales del siglo XIX y una maestra que encarna la esperanza de un futuro basado en la educación. El resultado es un relato que emociona y nos hace pensar, convirtiéndose en un auténtico must para comprender los orígenes de la educación moderna.
Como hemos venido diciendo, la película subraya la tensión entre el ideal y la resistencia al cambio, y en ese sentido el personaje del alcalde, encarnado por Grégory Gadebois, y el campesino Rémi, interpretado por Jérémy Lopez, representan caras esenciales en la historia: el primero como aliado realista que busca sus propios beneficios y el segundo como fuerte opositor. Estos roles secundarios enriquecen la trama y ofrecen una mirada diversa a la vida rural del momento. Sin embargo, es Alexandra Lamy, la actriz que encarna a la docente, quien brilla con más fuerza, dotando a su personaje de una gran humanidad, que hace que su papel sobresalga sobre el resto del reparto.
Quizás uno de los aspectos más interesantes que podemos señalar es la conexión con la realidad española, no tan lejana en el tiempo. Como espectadores reconocemos muchos paralelismos con un pasado donde la implantación de la escuela en los pueblos generaba las mismas tensiones. Esa semejanza despierta incluso sonrisas en los más nostálgicos. Además, inevitablemente nos puede surgir la comparación con la película española El maestro que prometió el mar (Patricia Font, 2023), que ha despertado gran interés en nuestro país. Ambas producciones, desde contextos históricos distintos, comparten un espíritu común: rescatar del olvido la importancia de la educación como herramienta de transformación social.
En cuanto a nivel técnico, la obra destaca por la cuidada fotografía, que convierte los paisajes rurales en un personaje más de la historia, acentuando la belleza y la dureza de un entorno en el que se libra la batalla entre tradición y modernidad. Aunque el guion a veces se dispersa en subtramas que desvían la atención de la premisa inicial, éstas añaden un gran peso dramático y permiten explorar con mayor profundidad las diferencias entre la vida en la ciudad y en el campo.
En definitiva, La primera escuela es una película que mezcla el rigor histórico, la emoción y la belleza visual, a través de la fuerza y vulnerabilidad de una mujer que, pese a su pasado y a los obstáculos, se entrega plenamente a su creencia: la educación es la clave de la libertad. Una cinta que confirma que algunas batallas, aunque parezcan del pasado, siguen siendo sorprendentemente actuales.






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