La cuarta temporada de una de las series más icónicas de la década ha reabierto el debate sobre si su calidad ha bajado respecto a las primeras temporadas
Dicen que abrir un restaurante es siempre un riesgo, y que no suele salir bien. Quizá fue por eso por lo que las dos primeras temporadas de The Bear sorprendieron tanto, aportando un estilo diferente a las series de televisión y dando al espectador una sensación de frescura y acción inmediata que se han ido diluyendo en las últimas dos. Como analizamos tras el estreno de la tercera temporada, tomar riesgos en el aspecto narrativo siempre te expone a nuevas críticas, sobre todo en algo que funciona, pero desde FX han decidido que en esta cuarta temporada no iban a dar marcha atrás sobre lo que querían construir: un restaurante de lujo.
En esta cuarta temporada, con el restaurante «The Bear» ya abierto y en funcionamiento, la plantilla se enfrenta a un reto imposible: intentar que este de beneficios y reduzca su deuda en un plazo de tiempo imposible de cumplir, teniendo además que abaratar costes y reducir el menú. Por si esto fuera poco, Carmy (Jeremy Allen White) comienza a perder el amor por la cocina y Syd (Ayo Edebiri) debe decidir si se queda en un barco que se hunde o se une a un proyecto donde ella será la cabeza y que lanzará su carrera como chef.
Ingredientes de alta cocina
Junto al cambio de ritmo, si hay algo que la cuarta temporada de la serie deja claro es su dirección en cuanto al peso de los personajes. Con Jeremy Allen echándose a un lado, comprobamos que el futuro está en manos de la siempre sobresaliente Ayo Ederbiri y uno de los actores más carismáticos del momento: Ebon Moss-Bachrach, sumando el importante paso adelante de Lionel Boyce (Marcus), Abby Elliot (Natalie) y un sorprendente Edwin Lee Gibson (Ebraheim).
Y, por supuesto, las apariciones de actores del calibre de Will Poulter, Molly Gordon, Jamie Lee Curtis, Jon Bernthal o Bob Odenkirk son el acompañamiento perfecto.
En cocina, o arriesgas o mueres
The Bear ha dejado de ser un local de bocadillos para convertirse en un restaurante, por lo que el producto ha cambiado. Esto es lo que parece que quieren dejar claro sus creadores en esta temporada. Los platos no se cocinan al mismo ritmo en un Subway que en un restaurante de lujo. Esto aplica a todos los elementos de la serie, tanto a las escenas en la cocina como a las que ocurren fuera de ellas. Esta cuarta temporada se toma el tiempo que necesita en estrechar vínculos entre los personajes y en presentarnos sus conflictos con calma y paciencia (el episodio de la boda es el máximo exponente de ello).
Por lo tanto, podemos decir que la The Bear de 2025 no es la misma que la de 2022 tras cuatro temporadas, pero si bien muchas veces nos quejamos de que en televisión se suelen alargar los proyectos más de lo necesario hasta tal punto que se hace repetitivo, creo que deberíamos aplaudir los que intentan renovarse tras «solo» dos temporadas. Christopher Storer y el resto del equipo técnico de ‘The Bear’ muestran su amor por la serie en cada escena y en cada diálogo, por lo que, como invitados a su restaurante, intentemos disfrutar del producto y saborear la que para mí sigue siendo una de las mejores series de la década.








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