Jurassic World: El Renacer (Jurassic World: Rebirth, Dir. Gareth Edwards, 2025) es un regreso a los orígenes de la saga de Parque Jurásico, dejando de lado (parcialmente) el tono cómico y ligero de las últimas entregas (especialmente el de Jurassic World: Dominion) y trayendo de vuelta el suspense y el peligro que se percibía especialmente en las tres películas con el sobrenombre de Parque, pero también en la primera entrega de Jurassic World (Dir. Colin Trevorrow, 2015).

De vuelta a una isla con dinosaurios, entre ellos el Tiranosaurio más grande hasta la fecha

Esta nueva historia nos lleva de vuelta a una isla abandonada, donde los dinosaurios campan a sus anchas sin ninguna barrera ni control humano, en un mundo en el que esos dinosaurios que se pusieron en libertad al final de la película de El reino caído (Dir. J.A. Bayona, 2018) han ido falleciendo por inadaptación al clima actual del planeta exceptuando en islas y regiones ecuatoriales.

Aunque esta información sobre lo ocurrido en películas anteriores no es realmente necesaria para seguir la trama. Al espectador promedio que no haya visto ninguna de las películas de la saga Jurásica le bastará con saber que se trajeron dinosaurios de vuelta a la vida para empezar a ver la película y recibir toda la información que necesita para seguir la trama.

Muy simbólico el volver a ver el cartel de «Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra» cayendo, pero esta vez en la escena en que descubrimos que están volviendo a extinguirse

El concepto es muy sencillo: los dinosaurios, especies extintas de características físicas distintas de las de los animales actuales, pueden ayudar al desarrollo de un medicamento, por lo que Martin Krebs (Rupert Friend), que trabaja para una empresa farmacéutica, recluta a Zora Bennett (Scarlett Johansson) para que monte un equipo con el cual llevar al Doctor Henry Loomis (Jonathan Bailey) a obtener muestras de dinosaurios que les permitan desarrollar ese nuevo fármaco prometedor para salvar vidas humanas.

El doctor Henry Loomis (Jonathan Bailey) con una muestra extraída en la isla

El problema al que se enfrentan es doble: por un lado deben sobrevivir a la expedición a una zona donde en cualquier parte puedes encontrar seres capaces de matarte y, por otro lado, la isla es un lugar prohibido al que sólo se puede acceder de manera ilegal.

El acceso a la isla de clima ecuatorial no es sencillo

Por ese motivo, Zora contacta con un viejo conocido llamado Duncan Kincaid (Mahershala Ali) quien les llevará en barco a la isla y, con su equipo, ayudará en la misión.

Zora Bennett (Scarlett Johansson) en una de las escenas de acción/suspense

Hasta aquí todo parece sencillo de seguir. Pero nos faltan por añadir varios factores a la ecuación, empezando por la familia Delgado, a la que Reuben (Manuel García Rulfo), el padre, ha embarcado en un viaje en velero desde las Bahamas hasta Ciudad del Cabo, una ruta que pasa por una de las islas habitadas por dinosaurios. Junto a él, están su hija mayor Teresa (Luna Blaise) y la pequeña Isabella (Audrina Miranda), además del novio de Teresa, Xavier (David Iacono) quien es el principal responsable de ese humor ligero que se podía ver en entregas anterior y que aún persiste (aunque en menor medida) en esta película.

Isabella Delgado (Audrina Miranda) colgando de la barandilla cuando un Spinosaurio ataca el barco de Duncan Kincaid (Mahershala Ali)

Como es comprensible, estos dos grupos de personajes acaban coincidiendo en sus respectivos viajes y las tramas se entremezclan y complican.

El doctor Henry Loomis (Jonathan Bailey) en el nido del Quetzalcoatlus ,ubicado dentro de un antiguo templo precolombino

Pero aún queda el punto extra a remarcar. Y es que, al parecer, no puede haber entregas de Jurassic World sin híbridos de dinosaurios. En la primera entrega tuvimos al Indominous Rex, en El reino caído al Indorraptor, en Dominion a las langostas gigantes, e incluso en la serie animada Camp Cretaceus hay híbridos. En esta nueva entrega, en cambio, en lugar de una tenemos dos nuevas criaturas (cuyo aspecto vimos en el tráiler) que, esperemos, sean las últimas variantes mutantes de dinosaurio que aparezcan en películas de la saga Jurásica si es que esta tiene suficiente éxito como para que se planteen una nueva secuela.

Duncan Kincaid (Mahershala Ali) y uno de los híbridos

Dicho eso, la presencia de los híbridos en la trama es menor, aunque en cierta medida puede resultar molesta por la ausencia de explicaciones sobre ellos. Pero sus efectos en la trama en sí son escasos y no están involucrados en ninguna de las mejores secuencias de suspense, que en este caso poseen un toque más cercano al de las dos primeras entregas que dirigió Steven Spielberg.

Una de las escenas de acción y suspense, en la que se ve involucrado el Mosasaurio

De hecho, ese es otro punto a favor de la película, que tonalmente, especialmente a nivel directivo, el trabajo de Gareth Edwards se acerca bastante más al de Spielberg de lo que lo hizo el de Bayona en El reino caído, o el de Colin Trevorrow en sus dos últimas entregas.

Martin Krebs (Rupert Friend) en la jungla, donde descubre los restos de un accidente aéreo

Y es que, incluso el guion retorna a los orígenes pues, para los que han leído los libros originales de Michael Crichton, resultará divertido el ver que se han incluido algunas secuencias, como la del Tiranosaurio y la balsa, que no se utilizaron en la adaptación del primer libro.

La escena del Tiranosaurio en el río persiguiendo la balsa, extraída del libro original y adaptada al contexto de esta historia

Además, Edwards se esfuerza por tratar de integrar las técnicas del suspense de manera adecuada, aportando información visual o sonora al espectador que permita entender que hay un peligro acechando a los personajes mientras ellos mismos no son conscientes de la situación en la que se encuentran, y generando así tensión que se alarga hasta liberarla con una secuencia de acción.

El doctor Henry Loomis (Jonathan Bailey) en el laboratorio abandonado donde se crearon los híbridos

El único inconveniente que tiene el interés de Edwards en dirigir como cree que lo habría hecho Spielberg es que acaba pecando del gran problema que tienen los directores actuales al recoger el testigo de sagas más antiguas, que tratan de replicar lo que les hicieron sentir las películas originales en lugar de aportar su propio estilo, lo que acaba convirtiendo las nuevas entregas en imitaciones que, por el simple hecho de serlo, son peores.

En esta escena, Edwards trata de replicar la sensación de maravilla y fascinación que tuvo la primera escena con dinosaurios en la película original

A eso hay que sumarle que el estilo de Spielberg para las escenas más difíciles para los directores, las de diálogo, resulta muy difícil de replicar ya que se basa en movimientos de cámara fluidos que siguen a los personajes por un espacio mientras interactúan con él y entre ellos. Y esto, al no ser el estilo que Edwards emplea normalmente, brilla por su ausencia y es sustituido por planos individuales de cada personaje con cámara más inestable al hombro.

Aun así, la dirección es muy buena y superior a la que normalmente se ve en blockbusters actuales, especialmente porque evita el típico movimiento de cámara artificial hecho por ordenador que se emplea normalmente en escenas con efectos especiales digitales. Pero esto era lo mínimo que se podía esperar de una película dirigida por Gareth Edwards, quien empezó como artista de efectos especiales y fue quien realizó los efectos de su primer largometraje, lo que lo convierte en un experto en la integración de los efectos por ordenador con el material capturado en cámara.

Uno de los planos más interesantes de la película, aprovechando el reflejo para integrar el efecto especial del dinosaurio con la imagen capturada en cámara

Y hablando de la cámara, a los mandos de la fotografía tenemos a John Mathieson, el director de fotografía de Gladiador (Dir. Ridley Scott, 2000), quien ha podido regresar a su forma favorita de trabajar, en celuloide en 35mm, y que ha traído consigo un excelente trabajo visual que nada tiene que envidiar al de las tres entregas anteriores y al que, tal vez, sólo se le podría criticar (aunque no sea necesariamente un problema) que peca de un exceso de noche americana en las escenas nocturnas en la selva, lo que las hace menos contrastadas de lo que marca el estilo habitual de la saga desde que Dean Cundey y Janusz Kaminski fotografiaron las dos primeras películas de Parque Jurásico.

Igualmente, la banda sonora, otro de los puntos álgidos habituales en la saga Parque Jurásico, que ha tenido a John Williams como gran representante y a Michael Giacchino como digno sucesor, al caer en manos de Alexandre Desplat vuelve a pasar por el mismo aro que la dirección de Edwards, el de querer homenajear al trabajo de John Williams, lo que impide que la mayoría de los temas sean memorables, salvándose sólo el tema Dino Lovers porque el propio Jonathan Bailey es quien toca el sólo de clarinete y por enlazar fantásticamente con el tema icónico de John Williams.

Finalmente, hablemos de los efectos especiales y del futuro de la saga:

Los primeros están muy bien realizados si se sabe que es una película que se ha llevado a cabo en apenas un año de trabajo cuando a día de hoy, y especialmente con producciones de esta escala, se dedica mucho más tiempo. Pero también hay algunos inconvenientes con ellos, especialmente en lo que se refiere al diseño de los híbridos, los cuales no parecen tener tanto trabajo detrás, y también con la integración de un pequeño dinosaurio que sigue a Isabella Delgado por la isla y que no suma ni resta ya que su aportación a la trama es mínima pues se percibe que realmente se ha añadido pensando en la venta de merchandising.

De izquierda a derecha, el Doctor Henry Loomis (Jonathan Bailey), un Quetzalcoatlus defendiendo su nido, y Zora Bennett (Scarlett Johansson).Esperemos ver más criaturas aéreas en próximas entregas ya que ha habido pocas escenas con ellas en las siete películas

El futuro de la saga, por otro lado, y a día 6 de julio de 2025, con resultados de taquilla del fin de semana del estreno ya en mano, es mucho más halagüeño que el que tenía tras el estreno de Dominion en 2022. La anterior entrega había marcado negativamente la reputación de la saga, pues siempre se había caracterizado por su tono oscuro y crítico y había acabado convirtiéndose en otra franquicia más con humor ligero, mucha acción y aventura, y nada de suspense. En cambio, Jurassic World: El Renacer es precisamente eso, un renacer de la saga que, si bien imperfecto, nos lleva de vuelta al camino planteado por las tres películas originales y que, con el éxito en taquilla acompañándola, parece prometer que en los próximos años tendremos una nueva entrega que, esperemos, tenga más tiempo de cocción antes de su estreno, lo que permitirá mejorar y acercar la película al altísimo (y tal vez inalcanzable) nivel de las dos primeras entregas de Parque Jurásico.

Jurassic World: El Renacer está disponible en cines.

Una respuesta a “Crítica de «Jurassic World: El Renacer» (2025)”

  1. […] Jurassic World: El Renacer genera expectativas y añade un paso (no muy firme) en la franquicia que ya se puede disfrutar en cines. Si te gusta la primera entrega de Parque Jurásico, los dinosaurios, Scarlett Johannson, Jonathan Bailey y Mahershala Ali, vas a disfrutar esta nueva aventura. […]

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