Estoy seguro de que alguna vez ha pasado por tu vida un ser humano despreciable. Esa persona que, en cuanto está a menos de 5 metros de ti, consigue ponerte en alerta y que todos tus sentidos se disparen. Alguien que parece querer molestar a cualquiera que se cruce con él: empleados, transeúntes e incluso amigos. “Pobre del que tenga que sufrir a diario su presencia, imagínate tenerlo como hermano”, hemos pensado todos alguna vez.

Pues bien, esta sensación tan única y desagradable es la que intenta trasladar Mike Leigh a la pantalla con su última película “Hard Truths”, en la que viajamos como espectadores a una familia en la que la madre es una persona, por definición, insoportable,. Con Marianne Jean-Baptiste de nuevo como actriz principal, el director nos trae una nueva propuesta que es, desde luego, digna de comentar. 

La película está dividida en dos partes muy claras con las que Leigh pretende sumergirnos en este drama familiar: una primera, en la que vemos y sentimos todo el sufrimiento que provoca el personaje de Jean-Baptiste de primera mano; y una segunda, en la que nos muestra todas las consecuencias de sus actos. 

En primera instancia, puede resultar algo muy interesante. Yo mismo, cuando comencé el visionado y entré en la propuesta, estaba dentro de lo que Mike Leigh nos traía. Sin embargo, la peli no hace más que decrecer conforme avanza la trama, y, personalmente, no aguanté más de un tercio de la película sin estar deseando que acabase ya aquella tortura.

En gran parte, que estas palabras salgan de mí indica que Leigh ha cumplido su objetivo; y es que es una propuesta absolutamente inmersiva, en la que el director pretende hacernos formar parte de la familia hasta el punto en que sintamos toda la ansiedad posible. Pero 40 minutos de gritos, malas caras y la voz tan irritante que consigue poner Jean-Baptiste acabaron por completo conmigo.

El punto más destacable de la película es este mismo: las interpretaciones, y, en concreto, la de la protagonista. Consigue hacer el papel de mujer repulsiva e irritante de forma tan real que, cuando la vi posteriormente en la rueda de prensa de Donosti estaba en alerta de nuevo; casi como si estuviese esperando a que me agrediera ahí mismo.
El regreso de Leigh era un evento muy esperado por los fans del cineasta, y estoy seguro de que, quienes sean seguidores del director, disfrutarán de esta al igual que lo hicieron con sus películas más clásicas. Pero, igual que se me hizo absolutamente soporífera“Secretos y mentiras” cuando la vi en su momento, creo que esta es, además, un sufrimiento innecesario que, para mí, construye un relato fallido.

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