Habiendo sido galardonada en la 82ª edición de los Globos de Oro a mejor largometraje de animación, Flow, un mundo que salvar (Gints Zilbalodis, 2024) se presenta como una de las favoritas en la misma categoría en los Premios Óscar, cuya gala, recordemos, tendrá lugar en la madrugada del domingo 2 al lunes 3 de marzo. Su gran rival en esta categoría es Robot Salvaje (Chris Sanders, 2024), que ha ganado 9 premios en los Annie Awards (los premios de animación por excelencia) y con la que se hace imposible no comparar debido a su temática y mensaje, pero no nos adelantemos. Por otro lado, no podemos olvidarnos que nuestro nuevo gatito letón favorito también está nominado por la Academia a mejor película internacional.
A lo largo de la película, acompañamos en un enternecedor y angustiante viaje a un gato que se topa de repente con un mundo inundado de agua en el que no hay rastro aparente de humanos, excepto restos de su existencia. Sobreviviendo para no ahogarse y tratando de encontrar refugio, se une a un barco junto con varias especies de animales, donde todos tendrán que aprender a convivir si quieren adaptarse a este nuevo mundo.
Fuente: Página de IMDb de Flow
Sin duda, es la parte visual la que nos cautiva y nos adentra en una naturaleza que destaca por sus colores, texturas y luces, combinado con el movimiento y la apariencia de estar grabada cámara en mano. Lo realmente impactante de la animación de esta película es que tanto la animática (el guion gráfico animado) como el resultado final han sido realizados completamente con Blender, un programa informático de animación 3D.
Gints Zilbalodis, el director (pero también guionista, animador y compositor musical del largometraje), comenzó con este tipo de animación tras comprobar con varios cortometrajes que la animación en 2D, tanto a mano como digital, no era lo suyo. Después de emplear otro programa con su primer largometraje, Away (Gints Zilbalodis, 2019), decidió apostar por Blender por el abanico de posibilidades y herramientas que le ofrecía.
Otra curiosidad que no se puede quedar en el tintero es que han utilizado sonidos reales de animales, excepto el del capibara que, al ser un animal que no emite muchos sonidos, optaron finalmente por los de un bebé camello. Y la verdad es que, como ya aprendimos con Robot Dreams (Pablo Berger, 2023), no necesitamos palabras para que una película nos llegue al corazón.
Nada más empezar ya podemos hacer una lectura ligada a unas posibles consecuencias de un cambio climático sin personas y con grandes inundaciones, que lleva a la impactante escena final (que no vamos a revelar para no hacer spoilers). Sin embargo, me gustaría resaltar otro mensaje de la película: la coexistencia para sobrevivir siendo tan diferentes entre sí los animales que acaban en el barco, no solo entre las especies, sino también entre los animales más salvajes y aquellos que conservan un comportamiento más domesticado. Como espectadores, no podemos evitar sonreír con estos últimos e incluso ver un reflejo de nuestras propias mascotas.
En definitiva, a pesar de no llegar al nivel de animación de los grandes estudios, Gints Zilbalodis y su pequeño equipo nos regalan a todos los públicos (con supervisión parental) una oda visual a la naturaleza muy emotiva, que, sin llegar a ser dramática, nos envuelve el corazón.







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