Alien: Romulus (2024) es la séptima entrega de la serie de películas de terror cósmico iniciada por Ridley Scott con Alien (1979) quien ahora le pasa el testigo a Fede Álvarez, director de Don’t Breathe (2016) entre otras películas del género de terror y suspense.

En esta nueva entrega, como es habitual en las películas de Alien, nos encontramos a un grupo de personajes encerrados en un espacio reducido con la criatura (o criaturas) tratando de sobrevivir al enfrentamiento con la máquina de matar perfecta que es el monstruo que diseñó H. R. Giger. Aunque, lo que cambia en esta ocasión es que en lugar de camioneros espaciales (o marines, o monjes, o científicos como fuimos viendo en las posteriores secuelas), los protagonistas son un grupo de jóvenes que apenas superan la veintena los que suben a una nave a la deriva desde el planeta minero en el que trabajan, para robar los medios que les permitirán emigrar a una colonia con mejores condiciones para vivir.

Los jóvenes que visitan la nave Romulus en esta nueva entrega

Los que hayan visto Don’t Breathe puede que reconozcan los paralelismos con la premisa de esta película, lo que puede que signifique que buscaron a Fede Álvarez para la película o que él mismo presentó la idea.

Dos de los personajes de Alien:Romulus en la oscuridad de la nave

Y lo cierto es que la idea es buena pero, por desgracia, la ejecución tiene sus pegas.

No es que la dirección sea mala, todo lo contrario, pues hay una muy buena elección de planos y los actores no dan malas interpretaciones, especialmente Rain, interpretada por Cailee Spaeny (Civil War, 2024) como nuestra protagonista humana, y David Jonsson como Andy, el androide defectuoso con el que Rain se crió.

Cailee Spaeny al salir por primera vez del planeta minero de camino a la nave Romulus

El verdadero problema se encuentra en el guion en sí, ya que los personajes, aunque inexpertos y desesperados, toman una decisión ilógica tras otra (un hecho habitual en el cine terror con protagonistas jóvenes), aún a pesar de que están igual de preparados que los protagonistas de la primera entrega, es decir, nada preparados, y aún contando con la ventaja de que, casi desde el principio son conscientes de a qué clase de criatura se enfrentan gracias a la aparición de un Ian Holm (Alien, 1979; The Lord of the Rings, 2001-2003) que ha sido recreado por ordenador del mismo modo que ya se ha hecho con varios actores fallecidos en los últimos años.

Uno de los personajes, Navarro (Ailee Wu), recorriendo uno de los pasillos de la nave Romulus

También es posible añadir una pequeña pega a la dirección de Fede Álvarez, aunque es cierto que es un mal muy común en los últimos años cuando alguien que era aficionado a una franquicia se hace cargo de una nueva entrega: el actuar como si absolutamente todos los miembros del público fueran conscientes de las películas anteriores o debieran haberlas visto para disfrutar al máximo de la nueva (el mal del que adolecen todas las entregas de Marvel desde el éxito de Avengers: Endgame en 2019).

El alien tratando de salir del cuerpo de uno de los personajes (visto por rayos X)

En este caso particular, esto se refleja en que en lugar de generar tensión por mostrar un ambiente sombrío, en el que nunca se sabe qué hay al girar una esquina, en la que el desconocimiento de un ambiente genera nerviosismo en el espectador. Es decir, en lugar de dirigir al espectador como lo hizo Ridley Scott de modo que el espectador esté igual de tenso que los personajes, lo que hace Fede Álvarez es referenciar constantemente al Alien.

Esto funciona muy bien para incomodar al espectador que sí ha visto las anteriores entregas. Pero un espectador novato, que se enfrente por primera vez a una película de Alien con esta entrega, lo que va a preguntarse es más bien «¿qué es eso?» en lugar de ponerse nervioso al esperar que les ocurra algo a los personajes.

Esta técnica en una película de terror es un problema, porque la tensión es el elemento esencial para que se pueda luego asustar al público. Pero en su lugar lo que ocurre es una situación compleja en la que en muchos momentos, sólo aquellos que han visto otras películas de Alien se ponen nerviosos e incómodos y los demás espectadores quedan a la espera de un susto que no tiene apenas fuerza sin la tensión detrás.

Uno de esos planos en los que Fede Álvarez trata de generar tensión partiendo de la creencia de que todos los espectadores deben haber visto alguna película de Alien antes

Por último, se le puede poner otra pega más en el departamento de fotografía. Es cierto que la luz es excelente, replicando de una forma muy estética la iluminación de la primera entrega (bastante mejor de hecho que como lo hizo el propio Ridley Scott en la quinta y sexta película de la serie), pero el problema radica en la elección de lentes por su nitidez excesiva, que roza lo antinatural al captar, en los planos medios y primeros planos, poros y texturas de la piel que, para poder verlos en el mundo real, haría falta acercarse a menos de 10 centímetros del rostro de una persona.

La luz azul es muy interesante como factor diferenciador, demostrando un gran trabajo lumínico y que ayuda a diferenciar espacios

Esta artificialidad puede no molestar en exceso al espectador actual, pero sí puede hacer envejecer mal a la película, ya que esa nitidez poco realista se ha visto ya en proyectos de hace una década o más, a los que la gente define a día de hoy diciendo que han envejecido mal. Aunque la nitidez se asocia con resolución, no es el único factor clave en ello, ni tampoco lo es la resolución en la buena apariencia de una imagen.

Para concluir hay que decir que, aun con todas sus pegas, esta puede que probablemente sea la tercera mejor película de la serie Alien, lo cual es un buen resultado si tenemos en cuenta que, tras la primera dirigida por Scott, la segunda entrega, Aliens (1986) fue dirigida por James Cameron.

De izquierda a derecha, el Alien (creado por H.R. Giger) y Rain (Cailee Spaeny) en uno de esos planos que son réplica de otros de películas previas

Con este último comentario, no quiero sino indicar que, aunque tenga muchas pegas para un ojo experto, pegas que se podrían haber evitado con relativa facilidad, estamos ante una película de terror cósmico de bastante calidad que merece el coste de la entrada de cine.

Alien: Romulus está ya en cines de todo el mundo.

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