Todo megalómano contemporáneo ha tenido siempre uno o varios impulsores en sus moralmente cuestionables carreras. Recientemente pudimos disfrutar del ascenso de Donald Trump de la mano del abogado Roy Cohn en la estupenda The Apprentice (Ali Abbasi, 2024). Su contraparte rusa, no va a ser menos. Esta es la historia de Vladislav Surkov (bajo el nombre de Vadim Varanov), el hombre que encumbró a Vladimir Putin.
Olivier Assayas nos invita a asistir a este tour por la historia contemporánea de Rusia a través de los ojos de Vadim Baranov, el más cercano asesor político del presidente ruso. Comenzando por los últimos coletazos de la Unión Soviética, su posterior desaparición, el predominio de los oligarcas, el ascenso de Putin y el conflicto armado en Crimea.
En primer lugar, Assayas nos brinda otra biografía de otro personaje curioso como es Baranov y cómo su labor supuso la llegada de Putin al poder y mostrarnos el por qué de sus métodos y actitudes. No es la primera que hace el francés, ya que también es responsable del relato sobre la vida de uno de los terroristas más famosos de la historia, el apodado “Chacal” en Carlos (Olivier Assayas, 2010) y en su miniserie homónima del mismo año. Tanto el hecho de que el protagonista sea un personaje interesante dentro del ámbito político junto con que es un tema actual y contemporáneo hace que la historia sea atractiva desde el principio.
La narrativa de este viaje es uno de sus puntos flacos, ya que es muy clásica y para nada novedosa; una narración fluida en flashback. A pesar de que la historia se cimienta casi en su totalidad en este recurso, los mismos flashbacks siguen esa linealidad clásica, con la excepción del regreso al momento presente. También presenta un problema muy común en las películas actuales, y es el hecho de que no se sabe gestionar del todo bien los saltos temporales, haciendo que parezca más una película episódica o una serie, más que una película.
Más allá de eso, la narrativa nos viene dada en forma de entrevista, queriendo otorgarle ese punto extra de veracidad a la historia, pero que en algunos momentos, peca de poca profundidad. A pesar de sus defectos, es una manera bastante práctica de contar esta historia, en el que hace hincapié en el fondo y la forma.
Por fondo y forma me refiero a la mentalidad del protagonista y los métodos que utiliza para aupar a Vladimir Putin. En primer lugar, Baranov pretende romper con la Unión Soviética en la forma, ya que trata de dejar de lado la extrema represión hacia la población pasando a dominar a las masas mediante el control de los medios de comunicación modernos y la propaganda.
Con respecto al fondo, se trata del objetivo, dominar y acabar con todo aquello que se pueda interponer en ese camino. Por ello, Assayas esgrime esa afirmación de siglos de antigüedad acuñada por Nicolás de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. Y con ese lema por bandera, tanto Baranov como Putin se ponen a trabajar en la construcción de la calculadora y beligerante Rusia que todos conocemos actualmente.
Pero, sin duda alguna, el mayor éxito de la película es el trío de estrellas elegido por Olivier Assayas: Paul Dano, Jude Law y Alicia Vikander. El primero es, para mí, uno de los actores más fascinantes de su generación y posiblemente de los más polifacéticos. Dano puede ir desde un adolescente nihilista de Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006) como a un ecologista radical en Okja (Bong Joon-ho, 2017), pasando por falso profeta en Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007). Quitando las para nada sesgadas críticas de Quentin Tarantino hacia su trabajo, es uno de los actores más infravalorados, que consigue construir el personaje calculador que se espera.
Por otro lado, tenemos a Jude Law, que, con la excepción de sus ojos, que a mi parecer son un tanto más grandes que los del presidente ruso, resulta ser la elección de casting perfecta para el papel de Vladimir Putin. Law consigue construir un Putin estoico, frío y pragmático que por momentos resulta brillante.
Por desgracia, su labor parece haber pasado desapercibida en los grandes premios, probablemente debido al calado del personaje al que interpreta, como así hemos podido ver recientemente con Russell Crowe, dando vida a Hermann Göring en Núremberg (James Vanderbilt, 2025), por las que les podría haber caído alguna nominación a un premio mayor.
Cierra el elenco principal la fantástica Alicia Vikander, con la que Assayas vuelve a contar tras su aparición en la miniserie Irma Verp (Olivier Assayas, 2022) y a la que le había perdido un poco la pista desde que se alzara con el Oscar a la mejor actriz de reparto por La chica danesa (Tom Hooper, 2015) y su elección como la nueva Lara Croft en Tomb Raider (Roar Uthaug, 2018). Su personaje, aunque plano y poco profundo, ofrece y derrocha muchísimo carisma, haciendo que gane interés y guía los ojos de los espectadores; se echa en falta más metraje de Alicia Vikander.
En conclusión, la película no te va a mostrar nada nuevo en lo que a forma de narrar se refiere, ya que es bastante común, pero la historia es atractiva, curiosa y, sobre todo, actual. Su hilo conductor se cimienta en esa actualidad y en unos protagonistas que tienen mucho talento y mucho oficio para poder contar la historia que pretende el director. No triunfó en Venecia el año pasado, pero espero que la taquilla sea misericorde con ella.
En cines el viernes 6 de marzo.








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