Damas y caballeros, ladies and gentlemen, madames et monsieurs… Presten atención. Cuando chasquee mis dedos, Lionsgate va a hacer que vuelva a aparecer el grupo de magos más queridos del cine desde Harry Potter. Efectivamente, lo habéis adivinado, vuelven los Cuatro Jinetes, ya que el 14 de noviembre se estrena Ahora me ves 3 (Ruben Fleischer, 2025).

Años después, los Cuatro Jinetes regresan a los escenarios y no lo harán solos, con ellos llegan una nueva hornada de magos que nos cautivarán con sus argucias y triquiñuelas buscando la justicia global. Nuestros ilusionistas favoritos se enfrentarán a Veronica Vanderberg, una multimillonaria cuyos negocios están vinculados con los diamantes de sangre africanos, señores de la guerra y tráfico de armas entre otros asuntos. Con astucia, elegancia y, sobre todo, magia, los Jinetes tratarán de acabar con el malvado imperio criminal Vanderberg.

Para empezar, más allá de incidir en la falta de originalidad en el Hollywood actual con la alta proliferación de secuelas, remakes, reboots y su pastelera madre, he de decir que este caso particular no me desagrada para nada. Es un producto destinado al entretenimiento en su forma más pura, y durante todo su metraje cumple con su función. Simple, pero eficiente.

Cuando vi la primera parte de la saga, Ahora me ves (Louis Leterrier, 2013), salí encantado de la sala, ya que estábamos ante una película de intriga novedosa y fresca. Unos magos antisistema que luchaban por la redistribución de la riqueza en el mundo mediante la magia, sirviéndose de secuencias hipnóticas y elegantes en las que se ilustraban los trucos y las peleas.

Los espejos y los laberintos son el pan de cada día en la vida de magos experimentados y talentosos como los Jinetes.

Ese espíritu y esa esencia se perdieron con Ahora me ves 2 (Jon M. Chu, 2016), donde las secuencias eran más bruscas, los trucos menos impresionantes y las coreografías peor trabajadas. Es curioso que su director, Jon M. Chu, sea el responsable de la adaptación cinematográfica del fenómeno Wicked (Jon M. Chu, 2024). Más allá de eso, se perdió a uno de los Jinetes originales, Henley Reeves (a la que da vida Isla Fisher). Parecía que la saga iba a morir con esta secuela.

Afortunadamente, Lionsgate, con mucho ojo, encomendó a Ruben Fleischer, resucitarla. Hablo de buen ojo, ya que procura regresar a las formas de la primera película, con espectaculares trucos y escenas de acción y lucha que harán que el espectador se lo pase genial en su asiento. Es una gran elección, ya que a él le debemos la existencia de esa gamberra película de zombis que es Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009).

Merritt McKinney (Woody Harrelson) se reúne con un viejo conocido, Thaddeus Bradley (Morgan Freeman).

Una de las señas de identidad es la química que existe en el reparto original, ya que desde la primera película, la compenetración entre Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Isla Fisher y Dave Franco es sobresaliente, surtiendo a la película de momentos tanto dramáticos como cómicos. A esto se añaden los cameos de personajes muy queridos de la saga como son los interpretados por Morgan Freeman, Lizzy Caplan o Mark Ruffalo.

Otro de los temas que se ponen sobre la mesa con esta película es el relevo generacional. De este modo se introducen nuevos personajes caracterizados por su ímpetu y su juventud, como es el caso de Justice Smith, Dominic Sessa y Ariana Greenblatt, pero que, a su vez ofrecen otro enfoque de la magia además de roces con los Jinetes originales que dan mucho juego narrativo.

Daniel Atlas (Jesse Eisenberg) lidera de nuevo a los Cuatro Jinetes (Isla Fisher, Lizzy Caplan, Woody Harrelson y Dave Franco) a los que se unen nuevos y jóvenes magos (Justice Smith, Dominic Sessa y Ariana Greenblatt)

En cuanto al rol del antagonista, pienso que esta cinta comete el mismo error que su predecesora. Si en la primera entrega de la saga no existía un villano muy definido, ya que los Jinetes decidían impartir justicia como concepto general, en estas secuelas el mal se concentra en varios personajes. 

En la segunda película teníamos a un excéntrico y sobreactuado Daniel Radcliffe tratando de desprenderse de su fama de Harry Potter (irónicamente un mago queriendo destruir a otros magos), apoyado por un siempre fiable Michael Caine. En la tercera parte, ese rol recae en Rosamund Pike, cuya experiencia en personajes carentes de moral está probada en la saga James Bond con Muere otro día (Lee Tamahori, 2002) o en Perdida (David Fincher, 2014), valiéndole su única nominación al Oscar hasta la fecha.

Su Veronika Vanderberg resulta una villana ciertamente descafeinada, de la que se puede esperar muchísimo más. No resulta verosímil que alguien con conexiones con traficantes de armas, señores de la guerra amén de otros perversos criminales no sea tan despiadada y se muestre tan frágil como lo hace. Para mí una de las decepciones de la película.

Veronika Vanderberg (Rosamund Pike) muestra el diamante de su familia en una exposición.

Para terminar, podemos decir que esta secuela resucita a la saga de manera muy solvente, ya que se mantiene fiel a su estilo dinámico y desenfadado, con trucos que deleitarán a los espectadores y con giros de guion marca de la casa. Esto va unido a la confirmación por parte de Lionsgate de una cuarta entrega en los próximos años.

Con esto llega el final de la crítica. Cuando cuente hasta tres, vais a ir corriendo al cine este viernes 14 de noviembre a verla.

Uno, dos, tres…

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