Hay quien sólo podrá decir que le suena el nombre de Robert Redford porque es un famoso. Otros únicamente serán capaces de asociarle con el personaje que interpretó para Marvel. Pero eso sería no hacerle justicia a una persona esencial para entender el cine actual, así como los últimos 60 años de su historia.

Estamos hablando de un hombre que no sólo fue actor de cine y teatro y una de las mayores estrellas de la gran pantalla durante toda su carrera, sino también de un excelente director de cine con un estilo y una aproximación a la dirección muy interesantes (como suele ocurrir con casi todos los actores que también dirigen), un productor muy valiente, y lo más impactante, aunque también lo más olvidado de todo su repertorio, es su labor como promotor del mayor festival de cine independiente de todo el planeta, el festival de cine de Sundance.
Hoy vamos a hacer un recorrido por todas estas facetas de la vida de Robert Redford y destacaremos sus contribuciones a la industria del cine, que fueron muchas y no deberían olvidarse.
Robert Redford el actor:
Robert Redford tuvo unos comienzos interpretativos en la pequeña pantalla, en la época en la que la televisión empezaba a despuntar, aprovechando que este medio era el trampolín ideal para que un actor consiguiera papeles que le dieran empleo y también le sirvieran para poner a punto sus habilidades de cara al salto a la gran pantalla, al teatro, o a ambos.
Es por esto que sus primeras apariciones ante el público fueron en episodios de series de televisión que hoy en día consideramos icónicas como Perry Mason (1957-1966), Alfred Hitchcock presenta (1955-1965) o The Twilight Zone: La dimensión desconocida (1959-1964).

Fue entonces, a raíz de años de trabajo, y gracias a que Mike Nichols había visto algo en él en sus episodios de televisión, que en 1963 consiguió el papel del protagonista en la comedia de Neil Simon titulada Descalzos por el parque, consiguiendo así debutar en Broadway y, con ello, lograr dar el salto al estrellato.

Fue precisamente esta misma obra en su adaptación al cine en 1966 con Jane Fonda como co-protagonista, la que fue mi primera interacción con Robert Redford, cuando antes de cumplir los diez años, pude ver la película por primera vez.

Además de ser un éxito comercial y en la crítica, Descalzos por el parque (Dir. Mike Nichols, 1966) fue la primera vez que Robert Redford formó pareja junto a Jane Fonda (ya habían aparecido juntos en La Jauría Humana ese mismo año bajo la dirección de Arthur Penn pero no como pareja romántica), con la que construyó uno de los dos dúos más importantes de su carrera como actor y, a la postre, uno de los más importantes de la historia del cine.
Y poco después formaría el segundo pues apenas tres años después llegó su primera colaboración con Paul Newman y, el resto, es historia del cine.
Esta colaboración con Paul Newman es, probablemente, la más icónica de todas. Empezando por Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, Dir. George Roy Hill, 1969) en la que Redford interpretaba a Sundance Kid junto al Butch Cassidy de Newman en un Western poco clásico en el que los protagonistas son dos forajidos que asaltan trenes y que se ven obligados a huir de las autoridades, que les buscan y tienen toda la intención de darles caza y acabar con ellos.

Esta película fue seguida por El golpe (The Sting, Dir. George Roy Hill, 1975) seis años después, dejándonos sin duda una de las historias más icónicas sobre robos en la historia del cine. Estamos ante la historia de un timo, una venganza, un robo y una limpieza de identidad, toda en uno, llevada con total elegancia por ambos actores, pero esta vez con Redford cargando con algo más de peso en la trama que Newman, y acompañados por un reparto estelar entre el que podemos destacar al icónico Robert Shaw, quien ese mismo año interpretó a Quint en Tiburón (Dir. Steven Spielberg), y una música memorable de esas que una vez escuchadas no se olvidan.

Entre ambas producciones se recibieron 11 Óscar, aunque ninguno para los dos actores pues, en una de esas injusticias del cine, a Newman se lo dieron en 1987 por El color del dinero, pero no por ninguno de sus mejores y más icónicos papeles, y a Redford sólo le dieron el de Mejor Director una vez y nunca recibió ninguno por su interpretación aunque sí le dieran el Premio a toda una carrera.
Aun así, es destacable que Redford y Newman, en estos dos proyectos como dúo de estrellas de la gran pantalla, confiaran en la dirección de un George Roy Hill que introdujo técnicas que hasta el momento no se consideraban cinematográficas, como el zoom para reencuadrar o los montajes fotográficos, y que, gracias al apoyo de ambos actores, se pudieron incorporar al lenguaje del cine.
Asimismo, la relación de Redford con Paul Newman, si bien se limitó sólo a estas dos películas, se convirtió en icónica pues ambos simplemente conectaban en la pantalla de un modo en que pocos dúos han podido hacerlo ni antes ni después, y su amistad personal duró hasta el fallecimiento de Newman en 2008.

Pero, regresando a la carrera actoral de Robert Redford, no se puede olvidar que durante los años 60, 70 y 80 formó parte de varias grandes películas en las que protagonizó papeles icónicos y esenciales en la historia del cine:
Tal como éramos (The Way we were, Dir. Sidney Pollack, 1973) con Barbra Streisand como co-protagonista en el que es uno de los dramas románticos por antonomasia.

La versión de El Gran Gatsby dirigida por Jack Clayton (1974) que es considerada por muchos la mejor adaptación cinematográfica del libro hasta la fecha (considerablemente más fiel que la protagonizada por Leonardo DiCaprio).

Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, Dir. Alan J. Pakula, 1976), que relata la historia de la investigación periodística que permitió desenmascarar el famoso escándalo de «Watergate», el cual obligó al presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, a dimitir, y que fue galardonada con 4 Óscars y es considerada una de las mejores películas de la historia.

El jinete eléctrico (The Electric Horseman, Dir. Sidney Pollack, 1979), en la que se ve reflejado el amor de Robert Redford por los caballos y que supuso su reencuentro con Jane Fonda después de más de una década sin colaborar en ninguna película, además de ser el último proyecto juntos hasta casi cuarenta años más tarde.

Memorias de África (Out of Africa, Dir. Sidney Pollack, 1985) con Meryl Streep como protagonista y ayudando a contar una de las películas más bonitas y cargada de momentos y música icónicos, que la hacen una de mis favoritas de toda la historia del cine.

Una proposición indecente (Indecent Proposal, Dir. Adrian Lyne, 1993), en la que Redford coincidió con Demi Moore y Woody Harrelson para contar los dramas y extremos que pueden destruir un matrimonio cuando el dinero entra en escena.

El hombre que susurraba a los caballos (The Horse Whisperer, 1998), película en la que se dirigió a sí mismo y que supuso el primer gran papel de Scarlett Johansson en la gran pantalla.

Spy Game: Juego de Espías (Dir. Tony Scott, 2001), en la que compartió cartel con Brad Pitt, a quien durante toda su carrera se ha comparado con el propio Redford por su apariencia y capacidad interpretativa, así como por el icónico dúo que Pitt formó con George Clooney, el cual, en cierto modo, se parece al que Redford formaba con Newman.

Y ya sus últimos dos papeles icónicos, aunque hay muchos otros que se podrían mencionar pues no hay película mala en su carrera (y dejando aparte la ya mencionada participación en el Universo Cinematográfico de Marvel que muchos recuerdan) fueron dos homenajes a sus grandes éxitos:
El primero, fue la película Nosotros en la noche (Our Souls at Night, Dir. Ritesh Batra, 2017), su reecuentro con Jane Fonda en pantalla por primera vez en casi cuarenta años en una comedia romántica con sabor a despedida para el dúo y que, lamentablemente, acabó siéndolo.

The Old Man and The Gun (Dir. David Lowery, 2018) que es un regreso al cine de forajidos y ladrones de bancos con un personaje que parece una referencia a sus icónicos roles junto a Paul Newman, pero esta vez en la vejez, en un momento vital en que un ladrón puede estar sintiendo que se le acaba el tiempo y que sus años de gloria ya han pasado.

Y lo cierto es que, por lo visto, así era, pues hasta su reciente fallecimiento en este 2025, Redford sólo había aparecido en Avengers: Endgame (Dir. Anthony y Joe Russo, 2019), la cual es más que posible que se rodara antes que la película The Old Man and The Gun porque al tratarse de un proyecto de gran presupuesto, los plazos suelen ser mayores y, por tanto, se explicaría que el propio Redford se tomara su última aparición como forajido como la que sería su despedida del cine antes de retirarse.
Robert Redford el director:
Su debut como director fue de todo menos discreto. No son muchos los que, como le ocurrió a Robert Redford con Ordinary People en 1980, son galardonados con el Óscar a Mejor Director por su primera película a los mandos, ya que, además de él, sólo otros cinco comparten ese honor: Delbert Mann con Marty (1955), Jerome Robbins compartiendo premio con Robert Wise en West Side Story (1961), James L. Brooks por La fuerza del cariño (Terms of Endearment, 1983), Kevin Costner por Bailando con Lobos (Dances With Wolves, 1990) y Sam Mendes por American Beauty (1999).
En este estelar debut, se valoró mucho la capacidad que tuvo Redford para extraer grandes interpretaciones de su reparto, algo que suele ser habitual en directores que antes han sido actores, ya que tienen una forma de comunicarse más adaptada a las necesidades del intérprete. Esto es algo que también le ocurría a Sidney Pollack, con quien ya hemos visto que Redford hizo varias películas, probablemente por la confianza que sentía en su forma de dirigir a los actores, y con el que es bastante probable que intercambiara impresiones y conocimientos para mejorar conjuntamente, ya que Redford empezó más tarde a dirigir, por lo que pudo aprender de Pollack, y se podría decir que la mejor película de Pollack es justamente después de que Redford pudiera compartir su experiencia con la dirección, en 1985, con el propio Redford y Meryl Streep cargando el peso de la narración de Memorias de África y obteniendo siete Óscars.
Aun así, Robert Redford no volvió a dirigir hasta 1988, con Un lugar llamado Milagro (The Milagro Beanfield War) y, posteriormente tuvo otra pausa de cuatro en la que, igual que durante los ochos años anteriores, si bien siguió interpretando papeles para otros, no volvió a ponerse los mandos. No hasta 1992, cuando se lanzó a dirigir, entre otros, a Brad Pitt en El río de la vida (A river runs through it), la cual fue su regreso al éxito como director pues consiguió una nominación a los Globos de Oro a Mejor Director, así como lanzar la carrera de Pitt.

Esta vez, no paró y se dedicó a analizar temas de su interés, como hizo con la película Quiz Show en 1994, en la que estudiaba el escándalo en el que en varios programas concurso que se emitieron en televisión en los años 50 se habían amañado para obtener un resultado pactado.
Del mismo modo, su interés por los caballos reapareció en la ya mencionada El hombre que susurraba a los caballos y el golf en La Leyenda de Vagger Vance (2000) junto a Will Smith y Matt Damon.
Y ya en 2007, consiguió hacer un proyecto muy personal en el que, además, se pudo reencontrar en pantalla con Meryl Streep veintidós años después para, en esta ocasión, dirigirla también junto a Tom Cruise y a sí mismo. Esto fue en la película titulada Leones por corderos (Lions for Lambs) en una historia política en la que las vidas de un congresista, un periodista y un profesor se ven entrelazadas por un evento ocurrido en Afganistán.

Lo cierto es que la película no obtuvo muy buenos resultados, pero, aún así, Redford se lanzó a dirigir dos proyectos más, muy próximos entre sí (The Conspirator en 2010 y Pacto de Silencio o The Company you Keep en 2012) antes de retirarse de la dirección tras una carrera que, a pesar de sus altibajos, muchos otros directores querrían haber tenido.
Robert Redford y el apoyo a nuevos cineastas:
Tal vez la mayor contribución de Robert Redford al pasado, presente y el futuro del séptimo arte sea la parte más olvidada de todo su legado, puesto que en 1981 empezó a construir un sistema que valorase lo importante que es y sigue siendo dar un espacio a las nuevas generaciones de cineastas para mostrar su trabajo de manera que pueda existir un relevo generacional en el cine.
Este sistema era el Sundance Institute, llamado así en honor a su icónico personaje en la película junto a Paul Newman, y estaba pensado para dar apoyo y contribuir al desarrollo profesional de nuevos cineastas. No fue hasta 1985 que el Sundance Institute se hizo cargo del que hasta entonces era el U.S. Film Festival y, unos pocos años después, en 1991 se cambió el nombre a Sundance Film Festival, el cual ha residido todos estos años en Park City en Utah pero que se moverá a Boulder en el Estado de Colorado en 2027.

Aun así, si alguien quiere conocer la historia del festival, ellos mismos dan versiones más exhaustivas en su web. Lo que estamos tratando es el legado y el impacto de Robert Redford, y sus esfuerzos al crear este festival. Y la realidad es que, sin él, tal vez las carreras de muchos y muy destacados directores del cine actual no habrían visto la luz.
Entre muchos otros, los que le deben su primera oportunidad a Sundance son:
Los hermanos Coen, para los que Sangre Fácil (Blood Simple, 1985) supuso su gran debut en el cine justo en el primer año que el Sundance Institute se hacía cargo del festival.
Steven Soderbergh, quien debutó en el festival con Sexo, mentiras y cintas de vídeo (Sex, lies and videotape, 1989) y sin esa oportunidad nunca habría llegado a Cannes, donde cimentó su carrera con el éxito de dicha película.
Quentin Tarantino, quien trabajó en un guion en el Sundance Institute que eventualmente convirtió en Reservoir Dogs (1992), que se estrenó en el festival.
Robert Rodríguez, quien tras hacer El Mariachi (1992) por 6000$ tuvo su oportunidad de exhibirla en el festival.
Richard Linklater, quien estrenó Slacker (1991) en Sundance antes de convertirse en el director de películas como Boyhood (2014) o la trilogía de Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995), Antes del atardecer (Beforse Sunset, 2004) y Antes del anochecer (Before Midnight, 2013).
Darren Aronofsky, que fue aceptado por Sundance con su película de bajo presupuesto Pi (1998).
Wes Anderson, quien debutó en el festival con el corto Bottle Rocket (1993) y llamó la atención de James L. Brooks hasta el punto de que decidió producirle la versión completa en largometraje, con el que lanzó su carrera el propio director y también los actores Luke Wilson y Owen Wilson.
Kevin Smith con Clerks (1994), quien siguió un trayecto parecido al de Soderbergh unos años antes hasta recibir una gran respuesta en Cannes gracias a la primera oportunidad que había tenido en Sundance.
Paul Thomas Anderson, quien llegó al Institute con un corto llamado Coffee and Cigarettes y lo expandió hasta convertirlo en el largometraje Hard Eight (1996) con el que inició su brillante carrera.
Ryan Coogler, quien, tras pasar por el Institute, debutó su película Fruitvale Station (2013) en el festival, ganando el Premio del Público y también el del Jurado, y consiguió así lanzar su carrera y la de Michael B. Jordan antes de hacer juntos proyectos como Creed (2015), Black Panther (2018) o Sinners (2025).
Todos ellos, y muchos otros que he dejado en el tintero como Taika Waititi, Chloe Zhao o David O’Russell, además de los que vendrán en próximos años y aquellos a los que aún no hemos puesto nombre pero han destacado allí recientemente, deben a Robert Redford su oportunidad de iniciar su carrera porque él decidió que las nuevas voces merecían un lugar en el que se les apoyara y se les diera la oportunidad de crecer.
El festival y el instituto de Sundance serán quizás el legado más invisible de un hombre al que hemos visto durante toda su vida en la pantalla y que nos ha dado grandes momentos delante y detrás de las cámaras.

Pero, si el legado de un actor está en las icónicas interpretaciones que deja para la posteridad, y el de un director en la magnificencia de las historias que nos cuenta, el de Robert Redford, al sumar todo lo que hizo y todo lo que dio oportunidad a otros para hacer, es sin duda monumental.
Es por eso que, a la pregunta de ¿Quién era Robert Redford? sólo puedo responder con dos palabras: una leyenda.






Deja un comentario