Este agosto llega a nuestras salas la que apunta a ser la película de terror del verano, Devuélvemela (Danny Philippou, Michael Philippou, 2025), la cual promete hacernos pasar un mal rato (o bueno, según se mire) en nuestra butaca.
La historia nos traslada a Australia, centrándose en un elemento clásico del cine de terror, una familia disfuncional, en la que dos hermanastros pierden a su padre. Tras este trágico acontecimiento, asuntos sociales les asigna a una madre de acogida que les da la bienvenida a su nuevo hogar con los brazos abiertos.
Mientras se adaptan a su nueva vida, el mayor de los hermanastros comienza a percatarse de los extraños comportamientos de esta madre de acogida, sobre todo hacia su hermanastra, la cual es invidente de nacimiento. Todos estos comportamientos forman parte de un siniestro ritual planeado de manera minuciosa por su madre adoptiva.
Este proyecto lleva la firma de una de las productoras que están en primera línea en el panorama cinematográfico actual, A24. De este modo, se une a esta nueva ola de terror psicológico donde existen películas que son toda una institución como Hereditary (Ari Aster, 2018) o Midsommar (Ari Aster, 2019), entre otras.
A24 encomendó este proyecto a los hermanos Philippou, con los cuales ya había trabajado anteriormente en la producción de otra película de terror marca de la casa como es Háblame (Danny Philippou, Michael Philippou, 2022), de la que se espera secuela en 2026 tras su éxito. Este tándem de directores ha resultado ser todo un hallazgo para la productora, ya que no disponen de una filmografía extensa, y es que previamente a su asociación se habían dedicado a la realización de cortometrajes de terror y gore donde el protagonista no era otro que Ronald McDonald.
Uno de los grandes aciertos de los hermanos Philippou es traer de vuelta a un rol protagonista a una gran actriz como es Sally Hawkins, cuya carrera parecía que iba a ser esplendorosa tras su película de mayor éxito, La forma del agua (Guillermo del Toro, 2017), por la cual fue nominada al Oscar a la mejor actriz. En esta ocasión, dará vida a esta madre adoptiva en la que se refleja la esencia temática de la película, el dolor por la pérdida y la obsesión por dicha pérdida.
Nos alegra contar con una actriz como Sally Hawkins, ya que es una intérprete espontánea y también muy versátil, como así lo demuestra en este film, yendo de un extremo al otro con suma facilidad, es decir, puede pasar de ser alguien ingenuo e inocente a alguien consumido por la locura.
Por otro lado, la estructura narrativa, lejos de ser mala, es bastante convencional. A pesar de tener un comienzo prometedor, con la proyección de esas snuff movies en las que figura el ritual que Sally Hawkins pretende llevar a cabo, volvemos a esa estructura que hemos visto numerosas veces en otras cintas. Comenzando así por ese trauma que conduce a los jóvenes protagonistas a su nueva casa, entrando en contacto así con uno de los grandes conceptos del terror, “la madrastra”, existiendo innumerables relatos que giran en torno a ella. Se va construyendo así un meticuloso proceso que culminará con el descubrimiento de las verdaderas intenciones de la antagonista.
Para concluir, en lo que a niveles de terror se refiere, no os esperéis grandes sustos o jumpscares no aptos para cardiópatas, sino que se mueve en lo perturbador y en lo inquietante. Cumple con los requisitos mínimos de los que una película de terror debería disponer, incluyendo imágenes impactantes y contextos que inciten al morbo, tentando así al espectador a permanecer atento al desarrollo de la película y haciendo que más de uno gire la cabeza o se eche las manos a la cara, saliendo a la luz por momentos la verdadera esencia del género.







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