Olympo (Jan Matheu, 2025), la nueva serie de Netflix, nos sitúa en un Centro de Alto Rendimiento en los Pirineos. Es una academia ficticia donde los jóvenes deportistas más prometedores ponen a prueba sus límites físicos y éticos, mientras se enfrentan a conflictos que los acechan tras cada entrenamiento a lo largo de ocho capítulos. Junto a un reparto encabezado por Clara Galle como Amaia Olaberria, María Romanillos en el papel de Nuria Bórgues, Nira Osahia interpreta a Zoe Moral, Agustín Della Corte como Roque Pérez y Nuno Gallego como Cristian Delallave.

Imagen promocional de OLYMPO

Aunque la premisa resulta atractiva, la ejecución del programa falla al desarrollar su vertiente deportiva, ya que Olympo se enfoca escasamente en el deporte. Cuando lo aborda, lo hace con torpeza, al mostrarnos escenas que deberían destacar a los protagonistas como atletas de élite, pero se presentan con excesivo uso de cámara lenta, al intentar crear dramatismo. Pero abusan del recurso hasta opacar las disciplinas, que apenas aparecen y de forma rápida se diluyen.

En cambio, la serie opta por explorar más a fondo la sexualidad, al exhibir a los personajes en actos sexuales o situaciones eróticas constantes, al ser el único capítulo exento de estas escenas el final, donde queda un cliffhanger a través de Amaia. Estas secuencias, al compararlas con las deportivas, están mejor dirigidas y tienen mayor intención narrativa, debido a que la mayoría posee un propósito claro, mediante Roque se profundiza en su identidad sexual y cómo esta debe ocultarse por el bienestar del equipo.

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Uno de los aspectos más relevantes de Olympo es el tratamiento de temas delicados mediante Roque y Amaia. En su caso, se aborda la homofobia en el ámbito deportivo, ejercida por entrenadores, compañeros y hasta por los mismos aficionados. Mientras que, con Amaia, se muestra el uso de sustancias dopantes y cómo ciertas instituciones las promueven para garantizar el triunfo de sus atletas. Sin embargo, a pesar de su presencia, estos temas son abandonados para dar paso a elementos narrativos que rompen con el realismo inicial o al centrarse en dramas familiares/románticos.

A medida que se acercan los episodios finales, se revela que estos atletas compiten por pertenecer a Olympo, una organización que promete convertirlos en campeones. No obstante, dicha entidad oculta oscuros propósitos, al suministrar a sus talentos una sustancia similar al suero del supersoldado de Capitán América, capaz de transformar por completo su físico y rendimiento en una sola noche, lo cual rompe con las reglas internas de forma previa establecidas y debilita la coherencia narrativa.

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A pesar de compartir múltiples similitudes con su serie hermana Élite, esta nueva entrega intenta forjar una identidad propia, aunque sigue patrones ya conocidos. Desde el primer episodio se presenta a un personaje en coma tras un ataque —aparente intento de asesinato— y el resto debe descubrir al responsable. Además, se incluyen numerosas escenas de sexo y erotismo que, en varios casos, no aportan al argumento y terminan desviando el enfoque del deporte, eje temático que nunca alcanza su máximo potencial.

Aun con todas sus inconsistencias técnicas y argumentales, Olympo resulta entretenida si se la observa desde una perspectiva más indulgente. Al mismo tiempo, podemos encontrar que tienen personajes con un gran desarrollo dentro de su mismo universo como Roque y el intento de pelear contra estereotipos existentes en el deporte le brindan a esta serie un drama muy bien elaborado. Pero recuerda, esta es solo mi opinión, falta tuya.

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