Prime Video estrena su nueva película original española, titulada Viaje de fin de curso: Mallorca (Paco Caballero, 2025). Esta historia sitúa la acción en 2021, en plena era del covid-19, cuando un grupo de adolescentes viaja a un hotel en Mallorca para celebrar su graduación y queda confinado a causa de un brote inesperado. Con ello, el guion, inspirado en hechos reales, ofrece un contraste entre amistad y tensión bajo circunstancias extremas.

Por ende, la narración se centra en Gala y su grupo de amigos, cada uno con características propias y preocupaciones plausibles para su edad, pero en ocasiones los conflictos rozan el absurdo, aunque esa ligereza puede justificarse por la juventud de los protagonistas. Sin embargo, varias subtramas quedan sin cierre, lo que resta consistencia a las motivaciones de cada personaje, que de por sí son pocas y no tienen un gran desarrollo.
Algo que se observa en el filme, es cuando intenta alternar géneros sin hallar un tono único, y es que la película arranca con una fiesta descontrolada y un monólogo corto por parte de Gala, luego aborda temas como identidad, machismo, libertad y fraternidad; más adelante recurre a montajes sucesivos de baile y adopta el formato de falso documental para exponer la dependencia de los jóvenes de sus móviles y su adicción por las redes sociales, mostrado en formato vertical, como si fuera un TikTok.

Entonces, Gala funciona como contrapunto al caos, al principio aparece como la inocente que rehúye toda transgresión, pero acaba sucumbiendo al bullicio y uniéndose al delirio colectivo, junto a un discurso final —un monólogo algo largo— pretende justificar todas las acciones del grupo, aunque no alcanza la fuerza emotiva que demanda la trama y termina por imponerse como pretexto para el desenfreno final en el hotel, que lo acompaña una buena banda sonora con canciones populares en las escenas de fiesta.
La dirección de Paco Caballero despliega encuadres sobrios que resaltan de los pocos escenarios dentro de la película y al mismo tiempo transmiten sensación de encierro, junto a un montaje que incluye cortes bruscos y carece de transiciones que hubieran facilitado la conexión emocional. Algunos personajes aportan autenticidad, mientras otros se estrellan contra estereotipos juveniles poco convincentes, junto a un ritmo que se prolonga cerca de dos horas, un tiempo excesivo para un argumento que no alcanza la profundidad necesaria, ya que carece de un hilo conductor sólido.

En conclusión, Viaje de fin de curso: Mallorca se preocupa más por el envoltorio que por el fondo, al entregar un producto sin identidad clara, incapaz de inclinarse con convicción hacia el absurdo festivo o hacia un drama juvenil sobre el crecimiento personal. Esto genera un resultado ambiguo y serias dudas persistentes sobre la historia y las justificaciones en ella. Para disfrutarla, conviene aceptar sin cuestionar la conducta de los personajes ni su poca trayectoria, y aquí encaja la frase de Dewey: “No esperaba nada y aun así logran…”. Pero recuerda, esta solo es mi opinión y ahora falta la tuya.






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