Apple TV apuesta por una producción ambiciosa con el estreno de Carême (van Zuylen B, 2025), una serie que se adentra en la vida de Antonin Carême, “un joven chef que, con su talento y carisma, se ve envuelto en un juego de espionaje y traiciones en busca de redención y reconocimiento”. Con una primera entrega de ocho episodios que se aproximan a los cuarenta minutos cada uno, la serie se construye con una narrativa meticulosa que combina elementos de thriller, romance y drama histórico, todo mediante el uso de la gastronomía como recurso narrativo que enriquece la historia al transformar cada platillo en un símbolo de deseo, poder y corrupción.
Y es que la comida no es solo un deleite visual, sino una extensión de los conflictos internos y externos que atraviesan los personajes.

Además, la serie logra mantener un equilibrio entre la belleza de la alta cocina y la crudeza de un mundo donde la ambición y la traición dictan el destino de sus protagonistas
Esto es algo que Benjamin Voisin ofrece, al brindarnos una interpretación convincente en el papel de Carême, al aportar la complejidad y profundidad a un personaje que oscila entre la ingenuidad y la astucia. Su evolución resulta verosímil y cautivadora, con momentos de vulnerabilidad que contrastan con la determinación de alguien dispuesto a hacer lo necesario para alcanzar la grandeza. La serie se apoya en una cinematografía cuidada al detalle, donde la iluminación y la composición refuerzan la opulencia de los banquetes y la precariedad de los ambientes más humildes, al intentar construir un retrato de la Francia posrevolucionaria.
Uno de los elementos más intrigantes es la presencia de Napoleón Bonaparte, un personaje que, a pesar de sus limitadas apariciones, ejerce una influencia constante sobre la trama. Su figura, aunque en segundo plano, actúa como una sombra opresiva sobre los protagonistas, recordándoles que las decisiones en la cocina y en la política están indisolublemente ligadas al poder, por ello, la serie no teme abordar temas como la ambición desmedida, la hipocresía de la nobleza y la sexualidad como herramienta de manipulación y placer. Estas cuestiones se integran con naturalidad en la narrativa sin recurrir a exageraciones o excesos innecesarios, algo que observamos durante la relación entre los personajes al construirse con matices, que evita el maniqueísmo y permitir que cada acción y decisión tenga un peso real en el desarrollo de la historia.

A pesar de sus logros, la serie no está exenta de imprecisiones históricas, pero al no tratarse de un biopic tradicional, estas decisiones creativas se justifican en pos de una narración más dinámica y atractiva. Lo esencial no es la fidelidad absoluta a los hechos, sino la capacidad de construir un relato envolvente que mantenga al espectador inmerso en la trama. Pero, el guion juega con estos elementos, al lograr un equilibrio entre el rigor histórico y la libertad narrativa, lo que permite que la historia fluya sin sentirse encorsetada por los eventos reales.
Además, la estructura narrativa de Carême la podemos asemejar a un menú que fue elaborado con sutil cuidado, al brindarnos en los primeros episodios una entrada que introduce a los personajes y sus conflictos, que despierta la curiosidad del espectador. La parte media de la serie constituye el plato fuerte, donde la tensión se intensifica y las relaciones entre los personajes se vuelven más complejas, para finalizar, el desenlace actúa como un postre exquisito, que deja un sabor final que invita a la reflexión y abre la posibilidad de una continuación.

También, la ambientación y el diseño de producción juegan un papel fundamental en la credibilidad de la serie donde cada escenario, vestuario y utensilio de cocina está diseñado con una meticulosidad que transporta al espectador a la Francia del siglo XIX. La reconstrucción histórica, aunque no siempre precisa en términos de cronología, sí logra capturar la esencia de la época, al permitir que la historia se desarrolle en un entorno visualmente atractivo y coherente. Todo esto acompañado de un apartado sonoro que refuerza esta inmersión, con una banda sonora que oscila entre lo solemne y lo vibrante, adaptándose a los cambios de tono de la historia.
En términos de ritmo, Carême sabe dosificar la información y la acción, al evitar tiempos muertos o escenas innecesarias donde cada diálogo y cada secuencia tienen una razón de ser, contribuyendo a la construcción de un relato que se sostiene por sí mismo. La serie no se apresura, pero tampoco se demora más de lo necesario, al encontrar un balance que mantiene la atención sin saturar al espectador, además, la puesta en escena refuerza esta dinámica, con escenarios que evocan tanto la ostentación de los salones aristocráticos como la dureza de las cocinas donde se gesta el verdadero talento de Carême.

Por otra parte, uno de los momentos más impactantes es el giro argumental que se presenta en el último episodio y es que este punto de inflexión, lejos de sentirse forzado, es el resultado de una serie de pistas y detalles que han sido de forma cuidadosa sembrados a lo largo de la trama. La revelación final no solo reconfigura la percepción de los hechos, sino que también deja abierta la posibilidad de explorar nuevos escenarios en una posible segunda temporada. La manera en que se resuelve este clímax es un reflejo de la solidez del guion, que consigue cerrar los arcos narrativos principales sin perder la capacidad de sorprender.
En conjunto, Carême ofrece una experiencia visual y narrativa que destaca por su solidez y elegancia, su capacidad para combinar el arte culinario con una historia de ambición y traición la convierte en una propuesta singular dentro del catálogo de Apple TV. La serie no solo entretiene, sino que también invita a reflexionar sobre el poder, el sacrificio y la búsqueda de reconocimiento, al brindar al espectador un banquete audiovisual que merece ser degustado con atención. Además, deja una impresión duradera gracias a su construcción narrativa bien hilada, personajes complejos y una ambientación que evoca con precisión la tensión entre las clases sociales de la época.

Aunque la serie toma ciertas libertades creativas, consigue captar la esencia histórica de Antonin Carême y el impacto que tuvo en la historia de la cocina, convirtiéndose en una pieza imprescindible para los amantes del drama histórico y la gastronomía. Con una mezcla de sofisticación y crudeza, Carême demuestra que la cocina es mucho más que una disciplina artística es un campo de batalla donde el talento, la política y la ambición se entrelazan de manera inextricable, esto se logra capturar con maestría, al entregar una historia que se siente vibrante y relevante, sin importar el contexto histórico en el que se sitúe. Pero recuerda, esta solo es mi opinión y ahora falta la tuya.






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