Filmin estrena este 20 de febrero en su plataforma Sex (Haugerud D, 2024), una obra que plantea una reflexión profunda sobre la identidad, el deseo y la sexualidad, a través de una narrativa que no deja espacio para una recepción tibia al obtener una película divisora. Por un lado, está la percepción de que ofrece una exploración genuina y necesaria de temas tabú, mientras en el otro extremo, tendríamos la opinión que es una cinta vacía, cargada de diálogos, pero carente de acción en su intento por abordar temas complejos y filosóficos, por lo que su director construye una película que puede llegar a ser tanto pesada como fascinante, dependiendo de la disposición del espectador.

La trama de Sex sigue a dos amigos heterosexuales, Avdelingsleder (Thorbjorn Harr) y Feier (Jan Gunnar Roise), cuyas experiencias desestabilizan su concepción sobre la sexualidad. Y es que Avdelingsleder sueña con ser deseado por otro hombre, mientras que Feier, quien ha tenido una relación sexual fugaz con otro hombre, insiste en que no deja de ser heterosexual, por ello, se explora una pregunta fundamental: ¿es uno gay solo por haber tenido una experiencia con alguien de su mismo sexo?
Entonces, al tratar de forma tan directa este tema, resulta desconcertante por la simpleza con la que se expone la naturaleza fluida de la identidad sexual, al buscar mostrar que las etiquetas son limitadas, pero a veces su aproximación parece superficial y reduccionista, ya que los personajes no pasan de meras construcciones para poner en evidencia la discusión central. Aunque la premisa es interesante, la ejecución de esta podría considerarse más provocadora que reflexiva.

Por ello, en mi opinión uno de los puntos más débiles de Sex es su uso excesivo del diálogo, al crear una película donde solo hay una serie de conversaciones en las que los personajes verbalizan sus pensamientos y emociones, desglosando minuciosamente cada dilema interno. Si bien el objetivo parece ser profundizar en la psicología de los personajes y en los temas que se abordan, este exceso de discurso a menudo resulta agotador, al tener largas exposiciones verbales que remplazan lo que podría haber sido una narrativa más visual, convirtiendo a la película en un ensayo filosófico disfrazado de cine. Aunque este recurso estilístico, si bien efectivo para algunos, puede hacer que la película pierda dinamismo.
También, es una película marcada por una sensación constante de claustrofobia aun cuando hay varios escenarios y locaciones, la mayoría de las interacciones ocurren en espacios pequeños, lo que refuerza la sensación de que los personajes están atrapados no solo en sus propios cuerpos, sino también en sus emociones y creencias, al reflejar estos espacio como un reflejo de los dilemas internos que los protagonistas atraviesan. Como si estuvieran confinados en su búsqueda de respuestas sobre su identidad. Entonces, aunque la puesta en escena pudiera estar diseñada para maximizar la incomodidad de los personajes, resulta, a su vez, incómoda para el espectador al centrarse demasiado en los personajes y sus conversaciones.
Además, Sex no solo se enfoca en la sexualidad y la identidad, sino que también se adentra en temas sociales y psicológicos, como la infidelidad, las relaciones abiertas y las expectativas sobre el comportamiento en pareja. A lo largo de la película, los personajes se enfrentan a las normas sociales, poniendo en cuestión la rigidez de las etiquetas y los roles que la sociedad impone, al mismo tiempo, el miedo de desviar el comportamiento de lo que es considerado “normal” en las relaciones, lo que genera una reflexión sobre el valor de las parejas. Pero, al igual que con la cuestión de la sexualidad, estos temas se presentan de manera tan directa que a veces se sienten forzados al abarcar tantos dilemas éticos como morales.
En uno de los puntos más fuertes de Sex es su fotografía al tener imágenes muy cuidadas en su composición, con una iluminación y dirección de arte que crean una atmósfera introspectiva, casi filosófica. En contraparte esa estilización de las escenas y los encuadres elegantes hacen que el filme se vea hermoso, pero en ocasiones parece más una serie de imágenes estáticas que una narración fluida, por ello, la atención a los detalles visuales es innegable, pero esta belleza en ocasiones se convierte en un obstáculo, al distraer al espectador de la historia que se está contando. Se detiene en cada cuadro, permitiendo que la imagen se respire, pero esto podría hacer que la narrativa se perciba como vacía, ya que, en muchas secuencias, el enfoque está en la forma más que en el fondo.

Asimismo, la película posee minimalismo sonoro, aunque efectivo para crear una atmósfera introspectiva, puede resultar agotador, especialmente cuando la película depende tanto de la verbalización de los pensamientos de los personajes para avanzar en la trama. Entonces, con todo lo anterior Sex es una película difícil de clasificar. Por un lado, es un valiente intento por desmantelar las convenciones sociales sobre la sexualidad y la identidad, al tocar temas relevantes como la fluidez sexual, las expectativas en las relaciones y el miedo al juicio social, mientras, su estructura de forma excesiva dialogada, su ritmo lento y su estilo visual estático pueden hacer que la película se sienta más como una reflexión filosófica que como una obra cinematográfica completa.
En resumen, estamos ante una cinta que polariza, y que invita a cada espectador a decidir por sí mismo si vale la pena adentrarse en su reflexiones y filosofía, al presentar estos temas importantes debido a su forma de abordarlos ya puede resultar pesada y difícil de digerir para algunos. La elección de verla o no dependerá, en última instancia, de lo que busques en una obra, si se busca un cine que se enfoque en el cuestionamiento intelectual y filosófico, Sex ofrece una mirada interesante, pero si se prefieres una experiencia más visceral y dinámica, la película podría resultarte decepcionante. Pero recuerda esta solo es mi opinión y ahora falta la tuya.






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