Amenaza en el aire (Mel Gibson, 2025) es la nueva película de acción que supone la vuelta de Mel Gibson a la dirección tras casi una década de ausencia.
La historia se centra en el traslado de un testigo crucial para el juicio a un importante jefe de la mafia. Dicho traslado será efectuado por una Marshall de los Estados Unidos con un convulso pasado, que estará acompañada por un veterano piloto. Los tres efectuarán una difícil travesía en avión sobre las Montañas Rocosas hasta llegar a su destino. Conforme van avanzando en el viaje, la situación entre los tres pasajeros se irán complicando de manera inesperada, desencadenándose un sinfín de tensiones entre ellos.
Con esta historia, Mel Gibson ha decidido ponerse de nuevo detrás de las cámaras tras nueve años en los que se ha centrado exclusivamente en su carrera como actor. Es cierto que sus primeros éxitos le llegaron por esta vertiente, siendo un icono del cine de acción, destacando personajes como Max Rockatansky en la saga Mad Max o el agente Martin Riggs en la franquicia de Arma Letal. A pesar de ello, decidió ir más allá y convertirse en director, logrando sonados éxitos como Braveheart (Mel Gibson, 1995), ganando sendos Oscars a la mejor película y a la mejor dirección o Hasta el último hombre (Mel Gibson, 2016), por la que fue nominado de nuevo a ambas categorías.
En este caso, la vuelta de Mel Gibson está acompañada, al igual que el avión de la película, de muchas turbulencias. En primer lugar, destacando que firma una película de acción bastante convencional, ya que la típica historia de traslado de personas en un avión que se tuerce, lo hemos visto en muchas películas, teniendo como máximo exponente trabajos como Con Air (Simon West, 1997).
Por otro lado, si bien consigue lograr esa atmósfera y embotellarnos en ese avión a 3000 pies de altura, la historia resulta bastante predecible. Mel Gibson trata de mostrarnos un potente thriller de acción con muchas pinceladas de Hitchcock, tratando de mantener la tensión hasta el final, pero pienso que falla en el intento. La sombra del maestro del suspense es muy alargada. Se trata de unas tensiones muy forzadas, sabiendo por dónde van a venir los golpes, y, en muchos casos, cuándo.
Otra cosa que por momentos me ha ido sacando de la película es la elección de casting. Personalmente, pienso que se trata de varias elecciones erróneas en el casting, ya que los personajes apenas se ajustan al perfil de los actores.
Mark Wahlberg nunca ha sido un actor santo de mi devoción, con alguna que otra excepción como Infiltrados (Martin Scorsese, 2006) o The Fighter (David O. Russell, 2010). En esta película, sigue en su línea, que consiste en interpretarse a sí mismo. En la gran mayoría de sus películas saca a relucir personajes pasotas y jocosos que muy probablemente se ajusten a la personalidad del actor. Y, por el amor de Dios, hablemos de la calva falsa que le ponen, le sienta como a un Cristo dos pistolas, ciertamente ridículo.
La que sí que parece que está un poco más a la altura de las circunstancias es Michelle Dockery, a la que pudimos conocer en la excelente serie británica Downton Abbey (Julian Fellowes (2010-2015). Aporta el que muy posiblemente sea el personaje con mayor interés del filme, a pesar de que esté mal guionizado, ya que por momentos parece mentira que sea una agente de la ley.
Para concluir, decir que se trata de una película de acción muy floja, con un guion bastante torpe que no está al nivel del resto de la filmografía de Mel Gibson. Personalmente, sigo teniéndole fe; creo y espero que esta película va a ser un caso aislado y, por supuesto, espero con impaciencia la llegada en 2025 de Arma Letal 5.








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