No vamos a hacer una crítica de Love Actually a estas alturas. Al menos no una que hable de la película como si nadie la hubiera visto. Al fin y al cabo, desde su estreno, se ha convertido en una de las películas navideñas más destacadas, recogiendo el testigo de la tradición iniciada por películas como ¡Qué bello es vivir! (Dir. Frank Capra, 1946) y Navidades blancas (Dir. Michael Curtiz, 1954).

Liam Neeson y Thomas Brodie-Sangster en el inicio de su relación padrastro-hijastro en la película

Lo que sí podemos hacer a estas alturas es un breve repaso de sus características como película que pueden haber contribuido a su éxito, pues todos sabemos que cada año se estrenan películas navideñas, muchas de las cuales suelen bastante irregulares. Aunque también hay que decir que a menudo, independientemente de su impacto, se estrenan algunas que demuestran que se pueden contar muy buenas historias encapsuladas en esta época del año.

La trama más odiada de todas a día de hoy ( incomprensiblemente obviando la trama del presidente estadounidense y la de Colin con las americanas), con Andrew Lincoln y Keira Knightley como protagonistas

Entonces, y por empezar por algo concreto, vamos a hablar del guion, obra del que también es el director: Richard Curtis, también guionista de Cuatro bodas y un funeral (Dir. Mike Newell, 1994) y Notting Hill (Dir. Roger Michell, 1999).

En este caso, a diferencia de sus otros dos guiones más destacados, Curtis opta por una trama coral, algo que siempre es arriesgado y que, como suele ser habitual, no va a contener tramas que satisfagan o gusten a todos. Pero, lo que es cierto es que en un contexto en que es difícil acertar, Curtis construye una historia que conecta de forma clara y elegante, sin que parezca forzado que unos personajes u otros se conozcan, exceptuando tal vez el personaje de Andrew Lincoln con el de Heike Makatsch, quien casualmente tiene un amigo con local que alquila para fiestas. Aunque claro, la fiesta es necesaria para la excelente trama de Emma Thomson, Alan Rickman y la propia Heike Makatsch y sólo por un momento puedes llegar a preguntarte si era realmente necesario que la fiesta fuera en ese local precisamente. Pero lo que sí hay que elogiar de este guion es que evita la tendencia de las películas corales mal construidas de intentar conectar a todos los personajes de una forma rebuscada y sin sentido. En este caso, eso no ocurre, por lo que, por ejemplo, la conexión de Billy Nighty con el resto no es más que como música de fondo y porque aparece en el videoclip que ve el pequeño Sam (Thomas Brodie-Sangster) al recorrer el aeropuerto.

Sam (Thomas Brodie-Sangster) en el aeropuerto en busca de Joanna (Olivia Olson)

Esto contribuye a que uno disfrute mucho de ir viendo las pequeñas conexiones entre personajes sin que esto perjudique a las tramas individuales, algunas de las cuales son tan brillantes que no puedo evitar querer comentar algunas de ellas.

La del propio Sam y su padrastro Daniel (Liam Neeson), quienes aprenden a relacionarse como padre e hijo tras la muerte de la madre del chico gracias a las confidencias que comparten sobre el enamoramiento del propio Sam por Joanna (Olivia Olson), quien luego además nos deleita con una versión de «All I want for Christmas is you» que rivaliza con la de Mariah Carey, antes de que se concluya la trama con Sam llamando “papá” a Daniel por primera vez y la posterior escena del aeropuerto en la que Richard Curtis replica la típica escena de muchas comedias románticas pero con niños.

Sam (Thomas Brodie-Sangster) en el momento en que llama «papá» a Daniel (Liam Neeson) por primera vez

También tenemos la anteriormente mencionada trama con Emma Thomson y Alan Rickman, la más triste de la película, pero, sin duda, la más real y, de hecho, probablemente, la más común de las historias en el ciclo que recorren todas las relaciones románticas.

Alan Rickman y Emma Thomson en el clímax de su trama

Junto a esta, podríamos destacar la del hermano del personaje de Emma Thomson, un Hugh Grant que, como primer ministro no se puede decir que luzca mucho ya que su primer gran acto en el cargo viene motivado por los celos. Pero, en lo que se refiere al amor, la relación del personaje de Grant con Natalie (Martine McCutcheon) es una demostración de que hay imágenes a las que muchos creen que hay que aspirar, hasta el punto de que podemos llegar a pensar que sin esa imagen nadie puede querernos, cuando no es cierto, ya que los estándares de belleza no existen nada más que en el que mira.

Hugh Grant y Martine McCutcheon

Igualmente, otra forma de amor poco mencionada es el de la amistad. Y por eso, aunque no haya mucho que decir de una trama que está claramente pensada para hacer reír al público, la amistad entre el viejo rockero Billy Mack (Billy Nighy) y su mánager Joe (Gregory Fisher) es un buen ejemplo de ese otro tipo de amor.

Gregory Fisher y Billy Nighy

Por último, y no por ello menos importante, hay que mencionar ese amor que se forma en las situaciones cotidianas, el que se genera sin necesidad de intercambiar palabras, con sólo ver cómo te trata la otra persona, aunque ni siquiera se hable el mismo idioma. Está claro que hablo de la relación de Jamie Bennett (Colin Firth) y Aurelia (Lúcia Moniz), la parte de la película donde tenemos la mejor narrativa visual de toda la película por parte de Richard Curtis, quien combina decisiones de dirección, como mostrarnos los subtítulos de lo que dice Aurelia en portugués, con gestos y comportamientos físicos, así como situaciones que son una combinación de grandes ideas en el guion genialmente ejecutadas ante las cámaras.

Narrativa visual/guionizada por medio de subtítulos que muestran al público lo que se dicen los personajes aunque ellos no se entiendan
Jamie Bennett (Colin Firth) y Aurelia (Lúcia Moniz) jugando en la escena sólo con el lenguaje corporal para comunicarse

Y esta última trama me permite adentrarme en ese otro territorio, el visual (voy a obviar al reparto porque todo el mundo está bien en su papel).

Esta es la primera película de Curtis como director y, si bien nunca dirige una escena de forma incoherente, tampoco es tan bueno como Mike Newell lo era en Cuatro bodas y un funeral. No por ello nos encontramos ante una mala dirección, pero su forma de ejecutar las escenas es en ocasiones sencilla y simple, dependiendo algo menos de la precisión de las decisiones de dónde colocar la cámara y al reparto, y simplemente dejando que los actores aparezcan en la imagen y suban el nivel de unas imágenes de por sí poco vistosas.

Heike Makatsch en uno de esos planos sencillos en el que sólo lo que dice y lo que hace contribuyen a la historia, sin que el director contribuya con ningún factor visual

Es cierto que la decoración navideña destaca por su colorido, pero tenemos que irnos casi al final de la película cuando Joanna canta en la función del colegio para encontrarnos la primera secuencia que tiene una estética algo más fílmica y propia de un largometraje (aunque sí que hay algún que otro plano suelto muy bonito). Por lo demás, y sin pedirle un esteticismo estilizado a una película que quiere hacernos sentir que esto es el mundo cotidiano real en el que todos vivimos, sí que la fotografía es muy simple y, por momentos, más propia de lo que era entonces una serie de televisión (antes de que Juego de Tronos convirtiera a la televisión en una extensión del cine).

Todo esto no es para poner en duda que la gente vea Love Actually o para decir que es una mala película. Cualquiera que la vea sabe qué está buscando en ella y, por supuesto, lo obtiene con creces. Desde ver a sus actores británicos favoritos en una historia navideña, hasta revivir el amor preadolescente y la fascinación al ver a Joanna cantando, o incluso para reírse con Billy Mack y sus múltiples errores y críticas hacia la versión navideña de la canción Love is all around de Wet Wet Wet (canción que cerraba la película de Cuatro bodas y un funeral)…

Jamie Bennett (Colin Firth) y Aurelia (Lúcia Moniz) en el clímax de la película

Todo ello son muy buenas razones para ver esta película y, si alguien quiere ver un cine navideño más artístico, tiene muchas opciones a su disposición. Pero a los que nos gusta ver Love Actually cada año por estas fechas que nos dejen tranquilos, porque somos felices viéndola y, además, es Navidad.

Love Actually is all around

Love Actually está disponible en Netflix y en Amazon Prime, aunque la pondrán abierto cualquier día de las fiestas.

¡Feliz Navidad de parte de Mediaverso!

Una respuesta a “Crítica de «Love Actually» (2003)”

  1. […] Christmas es una nueva historia coral, escrita por Richard Curtis, el guionista de Love Actually, aunque esta vez para animación. Esto no impide que nos encontremos ante lo que parece una secuela […]

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