En el año 2019, las redes sociales estallaron con el primer adelanto de lo que luego se convertiría en una de las sagas familiares más comentadas y taquilleras del último lustro: Sonic. El erizo azul, creado por Naoto Ōshima allá por 1991, se ha convertido en todo un ícono pop que ha trascendido el lenguaje del videojuego a un nivel al que pocos han llegado. Tal vez, solo superado por franquicias como Pokémon y Super Mario Bros.
Con los años, aunque sus títulos no han sido tan exitosos como los de las mencionadas sagas, el reconocible diseño y carisma de Sonic lo han catapultado a un estatus al que probablemente Sega ni aspiraba del todo. Por ello, no resulta extraño que varias productoras de Hollywood tuvieran la intención de llevar al alienígena azul más allá de las fronteras de las videoconsolas hasta la gran pantalla, siendo Paramount Pictures la encargada de hacerlo.
Regresando a uno de los años más alocados para el cine en todo el siglo, Internet explotó al ver el primer diseño oficial del icónico erizo en su versión live-action. Este diseño generó la ira de los fanáticos y el repudio del público general, además de una buena cantidad de memes de todo tipo. Este fue uno de esos casos en los que la presión popular logró cambiar los planes de la productora, que decidió rediseñar al personaje, acercándolo más a su caricatura original y alejándolo del enfoque realista inicial. Así, su llegada a los cines fue mucho más reconfortante. Tanto es así que, a día de hoy, ya hay una cuarta entrega en preproducción, además de spin-offs y, por supuesto, una enorme cantidad de mercadería de todo tipo.
Sin embargo, antes de adelantarnos hasta el 2027, cuando llegará a las salas esta nueva cinta, debemos hablar de Sonic 3: La Película, la tercera entrega de la franquicia, cuyo estreno en cines está programado para el próximo 25 de diciembre.

La marvelización de la saga
Algo bastante curioso que ha ocurrido con esta saga es cómo ha evolucionado película tras película, pasando de ser una buddy-movie familiar en un road trip por California a convertirse en una épica y clásica aventura espacial que recuerda más al lenguaje de una cinta de superhéroes al más puro estilo de Marvel Studios. Algo que, en su segunda entrega, se logró con cierto equilibrio: aunque su escala era mayor, no olvidaba sus orígenes. La faceta humana de la primera película, criticada por algunos fanáticos que habrían preferido una historia centrada exclusivamente en Sonic, seguía teniendo cierta importancia. Sin embargo, en esta nueva película, los personajes humanos parecen más un estorbo para los creadores que una herramienta narrativa. Sus apariciones son contadas y están destinadas únicamente a aportar algo de nostalgia y emotividad a una cinta que, pese a sus esfuerzos, resulta algo forzada.
Esto se refleja especialmente en la nueva incorporación de la película: Shadow. Este personaje, que recuerda al propio Sonic pero en una versión oscura y atormentada por su pasado, tiene una narrativa que se desentraña a través de unos vagos flashbacks que rompen con el tono absurdo del resto de la cinta, y además con bastante poca imaginación. Su historia y contexto habrían sido interesantes de explorar, pero ni la forma ni el fondo están bien resueltos en una película saturada de personajes.
Todos ellos —el llamado Equipo Sonic, su familia adoptiva en la Tierra, Robotnik (interpretado por un fantástico Jim Carrey, quien termina siendo lo más destacado de la película), su abuelo, el General Robotnik (también interpretado por Carrey, aunque no termina de encajar a lo largo de la cinta), Shadow, y otros más— conviven en una película donde ninguno logra resultar especialmente interesante. Parece que sus guionistas (Patrick Casey, Josh Miller y John Whittington) han preferido sacrificar el foco en ellos en pro de alcanzar un tercer acto que se apresura a desplegar toda la épica necesaria para emocionar al espectador, tras una serie de secuencias cargadas de humor que solo funciona en contadas ocasiones.

Falta de chispa
Tal vez ese sea el mayor problema de esta cinta: que, en conjunto y pese a los esfuerzos, carece de la chispa que tenían sus dos entregas anteriores. La magnitud a la que se ha intentado escalar ha terminado neutralizando, en cierta medida, los encantos que hicieron memorables a dos películas que, aunque no eran precisamente el lujo del entretenimiento familiar, funcionaban tremendamente bien en sus objetivos.
Porque el resto de los elementos sí están presentes: el acabado visual es sólido, para lo que se espera de una película como esta, el trabajo de voz de los personajes intergalácticos también funciona —con una gran incorporación como la de Keanu Reeves—, así como las interpretaciones de la mayoría del elenco de carne y hueso. La música original (que no la música licenciada, un tema que merecería un artículo completo sobre cómo Hollywood tiende a saturar sus películas con canciones sin propósito alguno) acompaña de manera efectiva –a veces forzando demasiado– , y la dirección de Jeff Fowler supera, en parte, a las entregas anteriores de la saga.
Sin embargo, en conjunto, Sonic 3: La Película termina siendo la entrega menos encantadora y más épica de la saga. Su falta de desarrollo narrativo deriva en un resultado poco equilibrado, falto de encanto y con carencias que le impiden ser verdaderamente memorable. Tal vez deberíamos haber valorado más aquel viaje por la Costa Este que fue su primera entrega, un espíritu que la segunda mantuvo con algo más de cuidado, pese a que ya dejaba entrever las ambiciones que ahora se han desbordado en este último estreno. Una lástima, aunque será todo un éxito.






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