«Medio él, medio ella. Medio papá, medio tía. Medio rica, medio pobre. Medio jefe, medio reina. Medio de aquí, medio de allá. Medio muerto, medio viva. Medio dentro, medio fuera. Todo, nada» .Probablemente, pocas palabras podrían resumir con tanta precisión el espíritu del nuevo musical del francés Jacques Audiard, Emilia Pérez. Tras ganar el premio a la mejor actuación femenina para el elenco de la cinta y el premio del Jurado en el pasado Festival de Cine de Cannes, el filme protagonizado por Zoe Saldaña y la española Karla Sofía Gascón se ha convertido en uno de los más esperados de la temporada, especialmente de cara a los próximos premios Óscar.

Sin embargo, cuando me refiero a que esos versos, pertenecientes a una de las canciones principales de la cinta, encarnan el espíritu de una película adorada por muchos y detestada por otros tantos, lo digo porque, desde la humildad de quien escribe estas palabras, Audiard, habiendo aceptado el riesgo, entrega una película ciertamente fallida.

Audiard, con 72 años y más de una docena de largometrajes a sus espaldas, regresa a la gran pantalla tres años después de su último filme, París, Distrito 13, con el que también compitió en la sección oficial de Cannes, aunque se fue de vacío. Probablemente, muchos reconocerán al director por su largometraje de mayor reconocimiento internacional, Un profeta, con el que se llevó el Gran Premio del Jurado en el festival francés, donde ya es un habitual cinta tras cinta.

Sin embargo, parece que Audiard, lejos de acomodarse, se lanza de lleno a una piscina sin fondo con una película arriesgada, en la que se entremezclan el autodescubrimiento, la dignificación y la sororidad entre disparos de narcos y escenas musicales, todo envuelto en un lúgubre México, que ya ha generado mucho revuelo en parte de la crítica por el retrato que hace del país, y por el hecho de ser una película profundamente mexicana, grabada en Francia y con un equipo en el que escasea el talento mexicano.

La epifania de Emilia Perez

Emilia Pérez narra la historia de Rita, una abogada cansada de ser ninguneada por sus colegas de profesión, que acepta el encargo de un famoso narco mexicano, Manitas, para ayudarle a cumplir su mayor sueño: convertirse, por fuera, en la mujer que siempre ha sido por dentro. A partir de ese momento, el personaje interpretado por Karla Sofía Gascón se transforma oficialmente en Emilia Pérez, una mujer cuyo propósito se convierte en ayudar al prójimo y redimir los pecados de su pasado.

La película es una exacerbada manifestación de cómo convertirnos en la versión que realmente queremos ser puede hacernos mejores personas. Todo ello, en medio de una mezcolanza de géneros entre el musical, la telenovela, el drama, la comedia y el cine de narcos. Algo que acaba resultando uno de los mayores problemas de la cinta.

Desde su concepción, y con semejante propuesta, Audiard deja claro que su nuevo proyecto no pretende dejar indiferente a nadie. Y lo consigueEmilia Pérez probablemente te hará retorcerte en tu butaca, ya sea por éxtasis o por horror, convirtiéndose en uno de los valores más interesantes de la película. Es extrema, con canciones llenas de versos que no se toman en serio a sí mismos, y actuaciones como la de Selena Gomez. Es profundamente entretenida durante sus más de dos horas de duración, y genuinamente emocionante, especialmente si logras conectar con este extraño Frankenstein cinematográfico.

La epifanía del riesgo

El mayor valor de Emilia Pérez es, probablemente, sus interpretaciones, especialmente la de Zoe Saldaña, quien entrega, quizás, la actuación de su vida. Karla Sofía Gascón también se sumerge por completo, tanto emocional como físicamente, en la propuesta del director francés. Adriana Paz, una de las pocas intérpretes mexicanas del filme, logra conmover con su relación con Emilia, especialmente en la que, para mí, es la mejor canción de toda la cinta: El amor.

Sin embargo, no comparto la exaltación hacia la actuación de Selena Gomez, quien demostró ser una intérprete talentosa en la fantástica y también polémica Spring Breakers de Harmony Korine. No se puede negar que la texana da todo en este peculiar proyecto, pero por momentos su personaje se convierte en una parodia de sí mismo. Esto se acentúa cuando la película parece deslizarse hacia tomarse demasiado en serio, algo que también lastra el resto de la propuesta.

Y es que, tras un primer acto en el que se abraza lo extremo, lo mamarracho, y que probablemente genere fascinación u odio (en lo personal, me acerco mucho más a lo primero), Emilia Pérez muta hacia algo mucho más melancólico y serio. Se adentra en el tema de los desaparecidos por el narcotráfico y la violencia de género, diluyendo la temática trans para dar paso a una película completamente distinta a la que presenciábamos en un inicio.

Muy probablemente, este cambio hará desconectar a más de un espectador, ya que, aunque los temas que aborda lo merecen, los constantes cambios de tono generan más confusión que satisfacción, pese a las buenas intenciones de sus creadores. Su discurso político no solo es necesario, sino que está tratado con bastante mimo. Sin embargo, no puedo negar que su forma estética choca como un tren contra la narrativa que plantea, desembocando en un tono cercano a la telenovela en su tercer acto.

Además, teniendo en cuenta que se trata de un musical, su apartado escenográfico resulta especialmente sucio y burdo. Aunque esta es claramente la propuesta del director, probablemente no saldrás de la cinta canturreando ninguna de sus piezas musicales ni con una imagen grabada en tu cerebro. En parte, la ocasión no es la más indicada, dado los temas de vital importancia que aborda la película. Pero, como fan del género, siento que tampoco acaba de funcionar, con sus coreografías profundamente físicas en algunos casos, y completamente minimalistas en otros.

Emilia Pérez probablemente será una de las películas que más marcarán el paso de este extraño año para la industria, en el que propuestas de todo tipo han irrumpido como un huracán en el gran público, mientras que otras, más comerciales, han quedado ancladas en el olvido. Tal vez este sea el mayor valor de la película: que una obra así haya sido adquirida por Netflix para su distribución en Estados Unidos y Reino Unido. Una propuesta que, hace unos años, probablemente habría quedado relegada al recuerdo de los asistentes a un Cannes marcado por lo político. Y aunque no termine de entusiasmar completamente, resulta mucho más enriquecedor disfrutar de este tipo de apuestas que de otras, completamente vacías y sin alma. Emilia Pérez es puro alma y carisma. Tal vez, para algunos, sea demasiado; y para otros, demasiado poco. Pero siempre interesante, y completamente única. Pura provocación.

Una respuesta a “CRÍTICA de «Emilia Pérez»: El arriesgado musical narco-trans de Jacques Audiard”

  1. […] el cuento de El Mago de Oz. Pero, también estará presente la audaz y a la vez arriesgadísima Emilia Pérez (Jacques Audiard), un narco musical en el que un sanguinario narcotraficante cambiará radicalmente su vida para […]

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