El método Knox es la nueva película de Michael Keaton, en la que no sólo es el protagonista, sino que además es el director.

La historia está protagonizada por John Knox, un asesino a sueldo profesional que padece una fuerte enfermedad de demencia conocida como enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Dicha enfermedad hace que sus trabajos sean más torpes, más descuidados y mucho menos disimulados. Ante esta situación, toma la decisión de dejar de trabajar, y siendo consciente de que tarde o temprano va a dejar de ser él, decide poner sus asuntos en orden en una carrera a contrarreloj contra las autoridades como contra la enfermedad.

Michael Keaton se sumerge en su segunda aventura en la dirección. Su primer y único trabajo hasta ahora había sido Caballero y asesino (Michael Keaton, 2008), con resultados bastante negativos, y en la que, por cosas de la vida, también interpreta a un asesino a sueldo en decadencia. Keaton nos ofrece un thriller lúgubre y le da un ritmo lento, pero que, en este caso, se ajusta a las exigencias del guion, ya que se refleja ese paulatino proceso en el que el protagonista va sufriendo la pérdida de memoria y de identidad. Otro punto a favor de la dirección de Keaton es la confusión, ya que hace que varios puntos de la trama se tornen confusos para el espectador, estableciendo la incógnita de cuán mermadas están las capacidades del protagonista.

Michael Keaton forma parte de un círculo de actores, como Matthew McConaughey, que ha experimentado una resurrección en su carrera. Fue una de las grandes estrellas de finales de los 80 y de los 90 con títulos en su haber como Bitelchús (Tim Burton, 1988) o Jackie Brown (Quentin Tarantino, 1993) y que, en esta época, llegó a enfundarse el traje de Batman en dos ocasiones en Batman (Tim Burton, 1989) y Batman vuelve (Tim Burton, 1993). A mediados de los 2000 su carrera se vio estancada hasta que fue rescatado para interpretar al protagonista de Birdman (Alejandro G. Iñárritu, 2014), granjeándole su única nominación al Oscar hasta el momento. Su buen hacer hizo que le llovieran las ofertas de trabajo, logrando papeles en películas de calidad como Spotlight (Tom McCarthy, 2015) o El fundador (John Lee Hancock, 2016), y permitiendo su entrada en Marvel dando vida al Buitre en Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017).

Keaton nos ofrece una interpretación decente. Una persona fría, calculadora y rígida, cualidades muy a valorar si quieres convertirte en sicario. Pero por otro lado se ve a alguien perdido y confuso a causa de la demencia. Esto último hace que el personaje busque un propósito de redención y enmienda. En toda esta maraña, Keaton juega con el espectador, poniéndole constantemente bajo su punto de vista y bailando completamente a su son, dejando con la intriga de si sigue siendo él o si ya se ha ido.

Un aspecto que me molesta de esta película es el poco uso de los actores secundarios, teniendo en cuenta los nombres en los que nos manejamos. En primer lugar, Marcia Gay Harden, una actriz oscarizada por Pollock (Ed Harris, 2001) y también nominada por la brillantísima Mystic River (Clint Eastwood, 2003), apenas tiene una escena, me parece criminal. Por otro lado, tenemos a una leyenda como es Al Pacino, cuyos éxitos darían para uno o varios artículos. Pues bien, es verdad que sale de manera más recurrente que Marcia Gay Harden, cosa que no es difícil, pero con cuentagotas, y las veces que sale logra eclipsar a Michael Keaton. Claramente desperdiciados.

Para terminar, la película es un thriller al uso que sigue todas las normas del género, pero que Michael Keaton aporta matices para hacerla interesante y añadir alguna diferencia. Una película con buenos giros de guion que mantendrá en tensión al espectador hasta el final

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