Monster: La historia de Lyle y Erik Menendez (Ryan Murphy, Ian Brennan, 2024) es la nueva entrega de ese universo creado por Ryan Murphy e Ian Brennan que supone la antología Monster.
Los hermanos Lyle y Erik Menendez son dos de esos personajes que forman parte de esa lista de asesinos vinculados a Estados Unidos, a los que Ryan Murphy e Ian Brennan pretenden dedicar esta antología. Este episodio continúa a la primera entrega de Monster, dedicada a la historia de uno de los asesinos en serie más populares dentro del imaginario estadounidense, Jeffrey Dahmer, al cual da vida un sublime Evan Peters.
La historia de los hermanos Menendez se remonta a un ya remoto agosto de 1989, cuando, armados con dos escopetas, asesinan a tiros a sus padres. José y Kitty Menendez. Al ser posteriormente arrestados por el crimen, se abren dos ramas: los que afirman que el asesinato se perpetró para adueñarse de la fortuna y el patrimonio de sus padres, o bien, que fue un acto realizado en defensa propia, puesto que los hermanos habían sido víctimas desde su niñez de abusos psicológicos, físicos y sexuales por parte de sus padres.
Qué decir de Ryan Murphy. Él es, posiblemente, uno de los showrunners más prolíficos del panorama televisivo contemporáneo. Él es responsable, también junto a Ian Brennan, del fenómeno Glee (Ryan Murphy, Brad Falchuk, Ian Brennan, 2009-2015). También debemos a Murphy otra oscura antología como es American Horror Story Ryan Murphy, Brad Falchuk, 2011-?) y otras series tales como Feud: Bette and Joan (Ryan Murphy, 2017), Pose Ryan Murphy, Nelson Cragg, Silas Howard, 2018-2021), The Politician (Ryan Murphy, 2019-2020), la fallida Ratchet (Ryan Murphy, Evan Romansky, 2020), o la anteriormente citada Monster: La historia de Jeffrey Dahmer (Ryan Murphy, Ian Brennan, 2022), entre muchas otras.
Al igual que en la anterior entrega de Monster, Murphy y Brennan abordan el tema de la paternidad, y cómo las actitudes de los progenitores tienen influencia directa en el desarrollo de la progenie. Si en la primera entrega se aborda cómo marca el abandono, en ésta, tratan de cómo los abusos de todo tipo y condición marcan de por vida a los hijos. Estos temas conducen a otro paralelismo con la primera entrega, cierta empatía con el asesino, llegando a la conclusión que los asesinos, en muchos casos, se convierten en tales debido a un primer impulso de carácter externo.
En el caso de esta segunda entrega, se añade un fuerte componente de carácter judicial, algo que ya vimos en la anterior temporada. Y es en este factor donde sale uno de los principales baluartes de la serie, y a su vez, lo que puede encarnar su mayor debilidad. Esto es el poder del relato. En todo drama judicial se sostienen dos versiones, la de los acusados, en este caso los hermanos Menendez, que sostienen que se defendían de sus propios padres, y, por otro lado, la acusación, la cual señala que asesinaron a sus padres por dinero.
Esta dualidad lleva a la inclusión de diferentes personajes y cada uno expone su historia y su perspectiva del crimen, desde amigos y familiares, hasta el psicólogo de los hermanos. Desde los antecedentes, el propio asesinato y los acontecimientos posteriores al mismo se repiten pero con pequeñas variaciones, dependiendo de la persona, alargando innecesariamente el metraje y convirtiendo la serie en algo bastante repetitivo; ésta es su mayor flaqueza. Por lo tanto, pienso que esta serie tiene un error de formato, es decir, la historia se podría haber reducido a un largometraje o, aunque sea, recortar el número de capítulos, ya que parece que ves lo mismo durante 3 o 4 episodios.
Este fallo puede verse compensado o disimulado, depende del espectador, por dos motivos. El primero, sin duda, es la propia historia, el propio crimen, ya que, al igual que en gran parte de la obra de Ryan Murphy, desencadena esa morbosidad por el crimen y el asesinato, algo atractivo para el público, incluyendo a un servidor.
Por otro lado, cabe destacar las interpretaciones, son las que, junto la propia historia, mueven la serie. En primer lugar, hay que hablar de los protagonistas, Nicholas Alexander Chavez y Cooper Koch, que dan vida a Lyle y Erik Menendez respectivamente. Hasta el momento, ambos son actores poco conocidos, ya que éste supone el segundo trabajo para el primero y el cuarto para el segundo, habiendo participado en obras de serie B anteriormente. La serie, como es lógico, se mueve en torno a ellos, y dan absolutamente la talla, encarnan muy bien a los hermanos en todas sus facetas: asesinos, víctimas, niños consentidos y, para mí lo más difícil, mentirosos que se creen sus propias mentiras. Citando a Alexander Pope: “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”. Esta frase resume muy bien a los hermanos Lyle y Erik Menendez.
Por otro lado, tenemos a los padres de Lyle y de Erik, José y Kitty, a los cuales dan vida Javier Bardem y Chloë Sevigny, dos intérpretes ciertamente consolidados. Javier Bardem encarna a José Menendez, un padre despótico y violento que piensa que el dinero lo resuelve todo y partidario de que el fin justifique los medios con un pequeño matiz, que no te pillen. Bardem hace un retrato aterrador del patriarca de la familia Menendez, ofreciendo una interpretación sobresaliente, con razón es el actor más laureado de la historia del cine español, ofreciendo personajes inolvidables como Ramón Sampedro en Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004), Anton Chigurh en No es país para viejos (Joel Coen, Ethan Coen, 2007), papel que le valió un Oscar al mejor actor de reparto, o el villano de Skyfall (Sam Mendes, 2012), Tiago Rodrigues.
La presencia de Bardem eclipsa totalmente a Chloë Sevigny de manera deliberada, ya que lo que se pretende transmitir con esto es que José Menendez relega a Kitty a un segundo plano dentro de la vida familiar como se puede ver en la intrahistoria del matrimonio por diversos factores. Sevigny ofrece una interpretación notable con rasgos de desequilibrio y maltrato en ambas direcciones. Una buena interpretación que se une a sus papeles en películas como Boys don’t cry (Kimberly Pierce, 1999), por el que fue nominada al Oscar a la mejor actriz de reparto, o Zodiac (David Fincher, 2007).
En conclusión, Monster: La historia de Lyle y Erik Menendez (Ryan Murphy, Ian Brennan, 2024), es una serie muy atractiva, con una trama oscura a la par que interesante, pero que por momentos puede llegar a ser repetitiva, pero, ya solo por la construcción de los personajes, tanto principales como secundarios merece la pena verla. Nos expone a un intenso dilema moral en el que se cuestiona la legitimidad de un asesinato en caso de ser víctima de violencia, teoría sostenida, incluso a día de hoy por los hermanos Menendez, los cuales fueron sentenciados a cadena perpetua. Para todos aquellos que siguen las galas de premios, ponedla en las quinielas, porque apunta a plato fuerte en los próximos Globos de Oro.









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