Bienvenidos al primer diario del Festival de Cine de San Sebastián, donde hablaremos de todas las películas que vayamos viendo durante estos días de mucho cine, poco sueño y hambre. Porque, si algo falta, es tiempo, y hay que vivir con el motor acelerado. Vamos allá:

Hard Truths (Mi única familia)| Mike Leigh

Mike Leigh regresa a la gran pantalla tras seis años desde La tragedia de Peterloo, que se estrenó en el célebre Festival de Venecia, con Mi única familia –traducción con la que parece estar de acuerdo, según comentó en la rueda de prensa–, una cinta tan profundamente minimalista en lo formal como narrativamente emocionante. Un drama de desencuentros familiares, sobre lo complicado que resulta a veces sincerarse con tu propia familia, que navega entre el humor exacerbado de la fricción cotidiana de su protagonista, encarnada por una impresionante Marianne Jean-Baptiste –quien seguramente estará en la conversación de la próxima temporada de premios–, y el drama contenido de esta mujer llena de conflictos que es incapaz de verbalizar.

Es ahí donde la película encuentra su verdadero corazón: en las interpretaciones de su elenco principal y secundario, que la nutren de energía, pero también de melancolía y tristeza, con personajes completamente, que por momentos convierten a la película en casi una caricatura, pero de la propia vida. Tal vez, el montaje y el ritmo de la cinta, calmado y retratista, puede resultar difícil para algunos. Pero quien escribe este artículo solo puede decir que acabó emocionado.

Próximamente en cines.

Pablo Carnero.


La habitación de al lado | Pedro Almodóvar

Hace apenas tres semanas, esperaba impaciente, recostado en mi sofá, la caída del embargo de prensa de La habitación de al lado en el Festival de Cine de Venecia. Muchas casualidades confluían: la primera cinta en inglés del manchego, protagonizada por dos actrices icónicas, en una historia sobre la muerte digna. Y, bueno, escrita y dirigida por Pedro Almodóvar, que para mí es la mayor excusa para plantarme frente a la pantalla más imponente que encuentre y sumergirme en la nueva entrega del director.

Por eso, no era difícil imaginar que esta nueva cinta se había convertido en una de mis más esperadas en este Festival de Cine de Donosti, y con total sinceridad, ni siquiera esas expectativas han enturbiado la experiencia. Almodóvar teje, entre referencias fílmicas, literarias y pictóricas –desde el hiperrealismo de Hopper hasta el nuevo realismo de Wyeth–, una historia sobre la dignidad, la amistad como refugio y brújula, y, en definitiva, la necesidad de aceptar la muerte como una decisión propia, no supeditada a creencias religiosas que han condicionado nuestra visión hasta hoy.

Es una cinta sutil, simbólica y profundamente emocionante, sin caer nunca en la tentación de provocar la lágrima fácil. Pedro huye del melodrama clásico para entregarnos una película apegada al tono más frío que ha caracterizado su filmografía en la última década. Pero si hay que destacar a alguien en esta película, esas son Tilda Swinton y Julianne Moore. Son el alma de la cinta, completamente entregadas a unos diálogos que desconcertaron a muchos críticos angloparlantes, quizá porque jamás habían experimentado el verdadero fenómeno almodovariano en su propia lengua. Ambas interpretan esta historia de amistad de manera contenida pero profundamente emotiva. Simplemente fantásticas.

La dirección tampoco se queda atrás, con el retrato de esa Nueva York nevada, en referencia a Dublineses de John Huston, llena de color dentro de la austeridad que implanta el director en pro del drama, sin abandonar un ápice de su estilo. El cine de Almodóvar ha evolucionado; ya no habla de los mismos temas, ni de la misma forma. En el fondo, tal vez nosotros también hemos evolucionado junto a él, y por eso nos sigue enamorando todo lo que hace, porque, ante todo, se mantiene fresco y único como ninguno.

Pronto, crítica individual completa. 18 de octubre en cines.

Pablo Carnero.


La rueda de prensa de La habitación de al lado movilizó a toda la prensa presente en el festival. Entre entregas de conchas de oro falsas y bolígrafos de restaurantes, Pedro se mostraba emocionado por todo lo que ocurría a su alrededor durante esta edición del Zinemaldia: la entrega del Premio Donostia a su carrera, el estreno de su nueva película, el 44º aniversario del estreno de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón en ese mismo festival, y la celebración de su 75º cumpleaños.

Durante las múltiples intervenciones del protagonista del día, Almodóvar dejó varias perlas sobre su nueva película, su legado, su figura como cineasta, Pedro Sánchez —a quien llamó «Mr. Handsome»— y su propio talento. «Yo nunca pensé en mi talento. Yo en lo que pensé es: tengo una vocación que es mucho más fuerte que yo mismo… Si no consigo hacer cine, seré la persona más desgraciada del universo. No estaba en el lugar adecuado, no tenía ni un duro, no tenía amigos; pero mi vocación era esa, y era muy clara».

También habló sobre cómo percibe al público más joven que, poco a poco, se adentra en su filmografía, en parte, gracias a las plataformas de streaming: «El público más joven, que tiene absolutamente otras referencias… no sé cómo son. No conozco en absoluto a la generación X, no conozco a los TikTokers, ni siquiera he llegado a los influencers. Pero, sin embargo, me alegro de que ellos encuentren o tengan la sensibilidad suficiente para que mis películas les sigan interesando».

Escape | Rodrigo Cortés

El desastre es algo para lo que el ser humano, como animal hecho a la supervivencia, no está preparado. Nuestro cuerpo y nuestra mente no saben cómo reaccionar; y es aquí dónde se desarrollan los traumas, como método de autodefensa. Un intento de evitar algo semejante de cara al futuro, bloqueándonos o limitándonos en según qué experiencias.

Imaginemos pues a un hombre que ha pasado la peor de las catástrofes posibles, y su desconfianza en sí mismo es tal, que su mente decide no dejarle tomar ni una sola decisión más por sí mismo. Un intento desesperado por evitar equivocarse, que desencadena en inutilidad y un apego al sistema como método de control sobre él.

Rodrigo Cortés vuelve a la gran pantalla para ofrecernos un retrato sobre N, este personaje tan destruido, original e irregular a partes iguales. Esta historia, producida por Martin Scorsese y basada muy libremente en la novela homónima de Enrique Rubio, nos plantea a un Mario Casas oscilante entre lo excesivo y lo genial, que lucha desesperado por ir a la cárcel, con el objetivo de perder cualquier autonomía sobre su propio rumbo y deshumanizarse por completo.

Esta idea, que a priori podría haber resultado francamente interesante, va perdiendo fuerza conforme avanza la cinta, hasta llegar a un punto de desinflamiento, en que parece que no se sabe muy bien la forma que se le quiere dar a la historia; llegando a ser repetitiva e incluso cansina entre tanto humor absurdo e histrionismo.

El trabajo de Anna Castillo es bastante decente, pero sin duda quiénes más destacan son los secundarios, con un Albert Pla hilarante y un José Sacristán como protagonista de las escenas que mejor funcionan de toda la película.

31 de octubre en cines.

Manuel Fernández.


Durante la rueda de prensa posterior, Rodrigo Cortés explicó lo que significó para él la entrada de Scorsese al proyecto, siendo uno de los directores de su vida: «Es casi inexplicable… Todo empieza con un niño de 13 años mirando los cines Van Dyck de Salamanca decidiendo que película va a ver… Recuerdo que yo sentí que aquello que pasaba en la pantalla era algo que era más cine que lo que normalmente llamábamos cine… y que hacía reventar los sentidos… Y en fin, que se haya cerrado el círculo de forma tan inexplicable, tan improbable, y tener a quién es tu referencia, no solo profesional sino también en términos de actitud y magisterio, acompañarte además con ese respeto, con esa prudencia, ha sido incalificable».

Una cobertura realizada por Pablo Carnero y Manuel Fernández.

Deja un comentario

Tendencias