Seguramente tú, sí, tú, quien está leyendo este artículo, te hayas topado con el nombre de la actriz Blake Lively en las últimas semanas en redes sociales. Puede que sea por sus apariciones durante la gira de promoción de Deadpool And Wolverine junto a su marido, Ryan Reynolds, o quizás por la llegada de una película que, para muchos, aún puede ser algo desconocida.

Hasta hace apenas unas semanas, yo mismo era completamente ajeno al fenómeno detrás de Romper el círculo. La novela original de Colleen Hoover ha sido un éxito rotundo desde su publicación en 2016, vendiendo más de 2,73 millones de ejemplares a lo largo de estos años y catapultando a la escritora de Texas al estrellato literario. Ocho años después, llega a las salas su esperada adaptación cinematográfica a cargo de Sony Pictures, dirigida por Justin Baldoni, el mismo que nos trajo el éxito A dos metros de ti en 2019 y Clouds en 2020.

¿Un nuevo fenómeno?

La historia de Romper el círculo sigue la vida de Lily Bloom, interpretada por la encantadora Blake Lively, una joven soñadora recién llegada a la ciudad de Boston, donde intentará abrirse camino poco a poco con la apertura de su propia floristería.

Durante este tiempo, conocerá a Ryle Kincaid, interpretado por el propio director del filme, Justin Baldoni, un neurocirujano que resulta ser el hermano de Allysa, a quien da vida la divertida Jenny Slate, la ayudante de Lily en su nuevo negocio. Sin embargo, todo cambiará para Lily cuando se reencuentre con un antiguo amor de su adolescencia, interpretado por Brandon Sklenar, y comience a ver en Ryle destellos de la relación de sus padres.

Más de lo que parece

Cuando entré a ver la película, no negaré que mis expectativas eran muy distintas de lo que finalmente me encontré. Por la escasa publicidad que había visto y las descripciones de la trama, estaba convencido de que se trataría de otra «romcom» al estilo de la reciente –y divertidísima– Cualquiera menos tú, pero nada más lejos de la realidad.

Tras una primera mitad repleta de clichés constantes, tanto narrativos como visuales, que oscilan entre una película alemana de sobremesa y un anuncio de perfumes de Louis Vuitton, la película da un giro hacia algo mucho más dramático, profundo y complejo de lo que cabría esperar, convirtiéndose en un relato sobre violencia de género que acaba emocionando.

Es una pena que, en conjunto, la película se sienta algo descompensada. Entre sus intenciones y la forma en que se expresan, su fotografía y universo visual, y el trasfondo de toda la cinta, algo no termina de encajar. Esto lo atribuyo en gran parte a la dirección de Baldoni, que resulta desconcertante. En algunos momentos, la película se estanca sin arriesgar, para luego pasar a una dirección y fotografía más propias de un anuncio de TV, con un par de momentos en los que sorprende, tal vez porque el resto se siente algo vacío.

Sin embargo, quien realmente eleva la cinta es, sin duda, Blake Lively. Ella encarna un papel encantador por momentos, pero con una importante carga dramática. El resto del elenco no destaca especialmente, salvo la divertidísima Jenny Slate, quien interpreta a la nueva mejor amiga y confidente de la protagonista.

En parte, intuyo que uno de los grandes problemas que tiene la cinta es su duración, especialmente en su primera mitad. Sobre todo porque, al final, muchos de los conflictos que se generan al inicio de la historia pasan a un segundo plano una vez que conocemos la verdadera raíz de la película, que además es su punto de mayor interés.

En conjunto, Romper el círculo está lejos de ser una película perfecta; le falta algo de forma, un mejor acabado visual y musical, algo de tijera en su montaje, y encauzar mejor su historia. Sin embargo, sus intenciones y, en especial, la actuación de Lively, la convierten en una experiencia más que decente, sobre todo por poner en el centro un tema como el que trata, y su mensaje final.

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