Hace exactamente un año, nos despedimos de uno de los mayores autores que ha tenido este país. Francisco Ibáñez murió el pasado 15 de julio de 2023, y en este trágico aniversario de esa fecha, me gustaría recordar al maestro como mejor pueda.

Francisco Ibáñez Talavera nació en 1936, hijo de una familia humilde. E una España en guerra, el pequeño niño creció leyendo tebeos, y ya con once años le publicaron por primera vez un dibujo, en la revista “Chicos”. Estudiaría para ser contable, pero pronto lo dejaría para dedicar su vida a su verdadera pasión, el dibujo y el humor.

Dibujo hecho por Ibáñez en la revista «Chicos»

Al poco tiempo fue fichado por la editorial Bruguera donde, en la revista “Pulgarcito”, publicaría la obra de su vida, “Mortadelo y Filemón”. Los dos burricalvos fueron un éxito, y con los años, Ibáñez creó más personajes e historias: El Botones Sacarino, Rompetechos, La 13 Rue del Percebe, Pepe Gotera y Otilio o La Familia Trapisonda son algunos de los más representativos.

Todos estos personajes se originaron en tiras cortas, pero nunca habían tenido una edición para ellos solos. Esto cambió en 1969, cuando se publica “El Sulfato Atómico”. Mortadelo y Filemón ya no estaban solos: había una agencia detrás de ellos, tenían un mundo entero a su alrededor y unos secundarios que muchas veces llegaban a ser incluso más carismáticos que el dúo protagonista. Así nacieron El Super, el Profesor Bacterio y la Ofelia.

Unas de las primeras viñetas en las que aparecen Bacterio y el Súper en El Sulfato Atómico (Francisco Ibáñez, 1969)

En los 90, los personajes de Ibáñez ya eran más que conocidos en todo el país, y algunos empezaron a interesarse en sacar a los personajes de la viñeta. Hasta entonces, sólo se había hecho una película de animación en el 71: “El Armario del Tiempo”. Pero a finales de los 90 y principios de los 2000 empezaron a salir más adaptaciones (tanto directas como no) de las obras del maestro. Entre ellas, la serie de animación del 95, la serie “Manos a la obra” que no dejaba de ser Pepe Gotera y Otilio, 7 aventuras gráficas o la serie “Aquí no hay quien viva” que en esencia era una 13 Rue del Percebe llevada a la pantalla chica.

De todas estas obras originadas de los cómics de Mortadelo, la más importante sin lugar a dudas fue la película “La Gran aventura de Mortadelo y Filemón” , dirigida por Javier Fesser, un autor que había demostrado llevar los tebeos al mundo real con su anterior película “El Milagro de P. Pinto”. Esta se convertiría en la película con mayor presupuesto hecha en España hasta la fecha, costando 7 millones de euros.

La película sería un éxito, manteniéndose a día de hoy entre las 10 más taquilleras del cine español, y no es para menos, ya que capta a la perfección la esencia de las historias originales. Un elenco perfecto, un humor al nivel que se espera de magos del humor y un mensaje, en mi opinión, increíble.

Tras esto habría una secuela, que no dirigiría Fesser y de la que nunca se acuerda nadie, y una peli de animación en la que volvería el director de la película original y que llegaría a ser igual de buena que la gran aventura, o incluso mejor.

Escena de La Gran Aventura de Mortadelo y Filemon (Javier Fesser, 2003)

Ibáñez ha sido ante todo durante sus más de 70 años de carrera un trabajador nato. Un niño que leía tebeos y dibujaba pequeños bocetos para que todos nos entretuviéramos con sus historias. Un referente para muchos.

Sus personajes son gente normal, gente como tú o como yo. Son españoles de a pie con los que cualquiera puede identificarse y reírse. Son el espejo cómico de la sociedad en la que vivimos. Y es que, por muchos tesoreros, tiranos o cachondos que haya en este mundo, lo más importante es la risa y el humor. Eso representa Ibáñez para mi: un ejemplo de cómo hay que tomarse la vida, con humor, ya que si nos tomamos todo en serio, acabaremos como Rompetechos… ciegos por nuestro propio pesimismo.

Gracias por todas las horas de diversión, gracias por todas las lecciones y sobre todo gracias por Mortadelo y Filemón, Ibáñez, te echamos de menos. 

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