Los tres mosqueteros: D’Artagnan (Les trois mousquetaires: D’Artagnan, 2023) es una película de acción francesa dirigida por Martin Bourboulon que adapta la primera parte del famoso libro homónimo de Alexandre Dumas.

La segunda parte, subtitulada Milady y rodada al mismo tiempo que la primera, se encuentra en cines en el momento de escribir estas líneas, supone la adaptación de la segunda parte que completaría la historia de la novela, a la espera de que se confirme si habrá adaptaciones de las secuelas que el autor produjo tras el éxito que tuvieron las primeras aventuras de sus icónicos personajes.
En esta primera entrega, seguimos los pasos de D’Artagnan (François Civil), protagonista de la novela original, quien viaja de su tierra natal de Gascuña (en el sur de Francia, muy cerca de la frontera con España) a París con la premisa de utilizar la carta de recomendación que le ha dado su padre para unirse a los mosqueteros del rey Luis XIII (Louis Garrel). En su camino ya empieza a encontrarse problemas ya que en una posta se ve inmerso en el inicio de un juego de intrigas políticas y religiosas en las que tanto Francia como Inglaterra están envueltas y que desembocará en la traca final que es la secuencia de acción del clímax de la historia.
Pero, por no adelantar acontecimientos, debemos también hablar de los personajes a los que presenta la historia, los famosos mosqueteros, así como los aliados y los enemigos de los mismos.
A cada uno de los tres mosqueteros, Athos (Vincent Cassel), Porthos (Pio Marmaï) y Aramis (Romain Duris) nos los presentan exactamente igual que en la novela, con D’Artagnan chocando con ellos, apresurado y faltando a la cortesía, y desembocando en un reto a un duelo que el joven protagonista convoca con quince minutos de diferencia y en el mismo sitio con todos ellos.
Por otro lado, el principal aliado de D’Artagnan en sus aventuras es su interés amoroso, Constance Bonacieux (Lyna Khoudri), quien le encuentra alojamiento y que trabaja para la reina Anna de Austria (Vicky Krieps), lo que la conecta directamente con las intrigas de palacio.
Asimismo, los villanos también destacan por sus juegos de poder y son bellamente interpretados por Eva Green en el papel de Milady de Winter y Eric Ruf como el Cardenal Richelieu, los principales responsables de la peligrosa trama que cuenta toda la película.
Aun así, el hecho de que sea una fiel adaptación de la novela de Dumas, no es por lo que más destaca la película, sino por quién la ha realizado y por cómo se ha llegado al resultado, pues ambos elementos son sorprendentes en el panorama actual, además de brillantes en todos los sentidos.
Para empezar, como ya se ha mencionado, es una película francesa, es decir, una producción de origen europeo, con el menor presupuesto que eso conlleva al compararlo con cualquier película de acción de Hollywood.
Por otro lado, el quién la ha llevado a cabo es también muy curioso, ya que el director, Martin Bourboulon es hijo de uno de los productores de la última adaptación que se hizo de una obra relacionada con los personajes de Dumas en Francia, La hija de D’Artagnan (Bertrand Tavernier, 1994) y reconoce haber visitado el set con catorce años y sentir esa influencia en su decisión de aceptar el proyecto, lo cual fue un gran acierto.
Y es que en lo que se refiere a la ejecución, no podrían haber encontrado a nadie mejor para el encargo, ya que le ha aportado una frescura en la dirección y en las decisiones de fotografía, llevadas a cabo conjuntamente con Nicolas Bolduc, que nunca se había visto antes en una adaptación de este tipo, ni mucho menos con estos presupuestos.
La puesta en escena prioriza un estilo propio de grandes directores muy aclamados en la actualidad como Alejandro González Iñárritu o Alfonso Cuarón, priorizando planos de mucha duración en los que la cámara se mueve por todo el espacio empleando lentes muy angulares e incluso drones que, conjuntados con una iluminación naturalista y preciosa cuando las circunstancias lo permiten, aprovechan al máximo el hecho de rodar en escenarios reales en 149 de los 150 días que duró la producción conjunta de ambas partes de la novela.
Por si eso no fuera poco, la mayoría de los elementos necesarios para llevar a cabo una obra de acción de época están construidos o ejecutados en cámara, ya sea en escenarios reales, con pirotecnia y efectos físicos, o con maquetas, dedicando sólo el reducido número de efectos digitales únicamente a retocar elementos modernos presentes en los espacios y que habrían supuesto anacronismos imperdonables.
En conjunto, no se puede más que admirar el esfuerzo que se ha hecho desde Francia para llevar a cabo un proyecto de semejante envergadura que nada tiene que envidiar a las mejores producciones americanas y que incluso las supera en muchos aspectos.
Por todo ello, las ganas de una segunda parte, al menos para quien escribe estas líneas duraron los diez meses de espera que hubo entre el estreno en salas de la primera y la segunda parte.
Que viva el buen cine y… ¡Todos para uno, y uno para todos!






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