Vuelve Indiana Jones a los cines con una nueva y última aventura. La nueva entrega, «El Dial del Destino», estrenada internacionalmente el 30 de junio, es la primera que no cuenta con Steven Spielberg como director sino con James Mangold (Inocencia Interrumpida, Logan). 

Póster de Indiana Jones y el dial del destino

Para quienes crecimos con el personaje y su búsqueda por artefactos míticos de la Antigüedad, hablar de “Indy” (Harrison Ford) remite a mucha nostalgia, por lo que hacer una crítica de una película como la estrenada hace unos días en los cines a nivel internacional resulta todo un desafío.

Cuando se trata del Dr. Jones, un tema es hablar entonces, del amor por el personaje y de las expectativas personales de la última entrega y, por otro lado, de la película en sí misma. Al respecto, y por una cuestión de seriedad cuando se trata de escribir sobre un film, comenzaré por la película como producción audiovisual, su mensaje y su propuesta estética para luego meterme de lleno en una apreciación más personal.

El film comienza con una escena de acción y persecución muy prometedora, la cual nos sitúa en lo que será el artefacto sobre el que girará la nueva aventura. Luego, nos trasladamos a julio de 1969, a la época del primer alunizaje. Nos encontramos con un Indy en decadencia, prácticamente retirado, tanto como profesor como el intrépido aventurero que conocimos en las pelis de la década del 80. Parece que ya el mundo no se interesa por la historia antigua, los misterios ahora pertenecen al cosmos, por lo que el pasado ya no resulta de interés general para la humanidad. Sin embargo, en ese momento en el que todo parece ir en descenso para Indiana, una nueva aventura tocará su puerta.

El film nos traerá una renovada aunque polémica compañera del profesor, Helena (Phoebe Waller-Bridge), a quien, un poco atraído por su historia personal y otro poco por esa añoranza por ese pasado lleno de hazañas, terminará acoplándosele en esta nueva aventura. Asimismo, en el camino veremos nuevos personajes, como el joven Teddy (Ethann Isidore), quien tiene una relación cercana con Helena, y el ya viejo amigo de Indy, Renaldo (Antonio Banderas). Además de las caras nuevas, también veremos a gente del pasado de Indy, como a su fiel amigo Sallah (John Rhys-Davies), quien dejó Cairo (Egipto) y ahora también viven en Estados Unidos. En el camino, Indy volverá a cruzarse también a los “Nazis”, sus clásicos antagonistas. En esta oportunidad, el villano será el Dr. Voller (Mads Mikkelsen), quien tendrá un objetivo algo controversial, más allá del espacio y el tiempo.

La estética y el arte “del Dial”, tiene continuidad con las entregas anteriores, aunque en este caso nos encontraremos con más persecuciones centradas en diferentes medios de locomoción, probablemente para subsanar la incapacidad física de un Harrison de 79 años que ya no puede repartir “piñas” ni colgarse de un tanque de guerra o de un automóvil. De cualquier manera, la narrativa no pierde tu tinte de aventura, puesto que la dinámica resulta completamente correcta. Todos los colores del film también son muy “Indy”, pese a que en general es una película con más iluminación que las anteriores. Esas decisiones artísticas, sumado a un CGI que le da un tono más actual al cine del presente, denotan el cambio de dirección, aunque no por eso hacen del film pierda su encanto. Los efectos especiales y visuales, los cuales también ya marcaron un giro en «Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal» (2008), a diferencia de la película anterior, chocan menos al espectador y la espectadora, siendo mucho más acordes a lo que se quiere contar.

Respecto de los escenarios de esta última entrega, veremos mucho de Sicilia y sitios arqueológicos relacionados a la Magna Grecia (como se dice en italiano). La búsqueda por ese artefacto tan avanzado para su época diseñado por Arquímedes, quien vivió en Siracusa (Sicilia), nos hará viajar por yacimientos arqueológicos griegos muy reales, tales como el templo de Segesta o la Oreja de Dionisio. Los escenarios elegidos renuevan la franquicia, puesto que a la vez que permiten explorar otros lugares del mundo a los que las aventuras del Dr. Jones nunca nos han llevado, resultan muy correctos respecto del artefacto. Pero, ¿cuál es ese artefacto?

Se trata del Mecanismo de Anticitera. Si bien aquí la idea no es hablar profundamente del objeto histórico real, sí es fundamental decir que como tal existe. A esta primera computadora analógica de la historia, ese objeto fuera del tiempo encontrado en 1902 en el fondo del Mar Egeo, cerca de la Isla de Anticitera, la cual le da su nombre, la película le agrega la capacidad de encontrar algo así como fisuras en el tiempo que permiten viajar a ese momento histórico.

Respecto del artefacto y todo lo que plantea la búsqueda por “El dial del Destino”, probablemente sea ese el tema que atraviesa todo el film, tanto por el momento de decadencia en el que se encuentra Indy, quizás podemos decir, y de toda la trama en general: la nostalgia, la posibilidad de volver atrás y la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Al respecto, la película pulula casi todo el tiempo con la idea de la imposibilidad de mirar hacia el futuro y avanzar, algo que de alguna manera u otra todos los personajes hacia el final parecen lograr resolver. Indy por su parte, supera tristezas y se reconcilia con el amor y su vejez, Helena encuentra una compañía y un afecto que revalora durante la aventura y el villano principal, pese a que lo hace tarde, entiende que su misión es imposible.

Como una fan acérrima de Indy, estudiosa de la cultura griega y viajera, sin dudas esta película significa mucho para mí. Si bien es un film en el que realmente “me falta un poco bastante de mi Dr. Jones«, quizás sea tanto todos esos escenarios absolutamente fascinantes en el medio de Sicilia como el mecanismo de Anticitera, sumado a que es el personaje leitmotiv de mi vida, que este supuesto final, este cierre me llegó hasta el corazón. Reconozco en lo personal que en un primer visionado me dejó algo triste y con un amargo sabor de boca, probablemente porque propone dinámicas nuevas que en algún punto me resultan más como una peli que tiene que adaptarse a una fórmula a lo Disney. De cualquier manera, es una película que entiendo que cumple, porque más allá de todo es emotiva, tiene corazón y no traiciona la esencia del personaje. 

Decirle “adiós” a Indiana Jones es difícil, muy difícil… pero la verdad que esto se trata de un cierre, al menos tal como conocimos, al personaje y a sus aventuras hasta hoy. Para quienes crecimos con Indy y para quienes como en mi caso ha sido la brújula que nos ha guiado en la mayoría de los pasos que hemos dado hasta ahora… en algún punto esta despedida también es un hasta siempre, porque sin dudas deja un legado muy fuerte. Seguiremos disfrutando, revisitando y resignificando las aventuras de Indy por mucho tiempo…

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