El Caso Latinoamericano
En una época donde el fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo la confrontación ideológica conocida como “la Guerra Fría”, la lucha contra lo “subversivo” (entendido como todo aquello que estuviera en disenso con el poder) justificó gran cantidad de crímenes con complacencia del Estado en América Latina. Y, como generalmente sucede en la Historia, ahí estuvo el Arte para servir de descargo a los dolores y pasiones humanas.
Desde finales de la década de 1940, el cine ha sido catalizador de distintas visiones e interpretaciones de la sociedad latinoamericana y de su historia. Desde México hasta Argentina, existen ejemplos de películas que abordan la historia del continente, pasando por el drama, la comedia, el suspenso el realismo mágico, la fantasía, la ficción, etc. Los cineastas latinoamericanos han usado el lenguaje cinematográfico para contribuir a la construcción colectiva de la identidad latinoamericana.
Es por esto que, teniendo esta coyuntura socio-política como marco de referencia, me propongo escribir una serie de artículos revisando películas latinoamericanas (en principio) que aborden, de una u otra manera, la historia como inspiración para su narrativa cinematográfica. En esta ocasión les traigo la reseña de una película colombiana que espero pueden disfrutar. No contiene demasiados spoilers, pero recomiendo ver la película antes de seguir leyendo este artículo.
Cóndores no Entierran todos los Días (F. Norden. 1984)
Entre 1946 y 1958, en un periodo de la historia colombiana en el que se desarrolló una guerra civil no declarada conocida como “La Violencia”, nace, al oeste de Colombia, León María Lozano. Revisar los entresijos de este periodo histórico no es en absoluto el punto de este artículo. Basta con decir que la muerte del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán fue la chispa que terminó de encender la antorcha de la violencia política en el siglo XX en Colombia.
Volviendo a lo que nos ocupa en esta ocasión, León María (un conservador de principios, como él mismo nos lo hace saber) fue un campesino que pasará de ser un conservador atemorizado a ser el líder de “Los Pájaros”, conocido grupo paramilitar que él mismo comandó para cazar liberales en su natal Tuluá y alrededores. León María, El Cóndor (como sería conocido) es el protagonista y el villano de esta historia, pero es también un personaje real que aterrorizó una parte de Colombia. Enmarcado en este contexto, Cóndores no Entierran Todos los Días es la interpretación colombiana que hace Norden de este episodio en la propia historia del país.
Basada en la novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, Cóndores no Entierran todos los Días se presenta como un ejercicio cinematográfico interesante, en el cual Norden logra construir una atmósfera inquietante a través del uso tácito de la violencia como un recurso narrativo central en la película. La violencia es un personaje más, que va acechando entre sombras y sonidos hasta conseguir una nueva víctima, lo que genera un clima de incertidumbre y suspenso que logra mantener la tensión hasta el desenlace final de la película.
De la mano de la cámara de Norden asistimos a la destrucción del tejido social de una población. Presenciamos cómo se trastocan sus valores y moral, vemos cómo usando el discurso político como justificante, gentes que se conocían de toda la vida se vuelven enemigos de la noche a la mañana, y los cuerpos sin vida empiezan a aparecer “como de la nada” rompiendo con la tranquilidad que imperaba en el pueblo. Un capítulo oscuro de la historia Colombia retratado de manera soberbia y lejos del enfoque de la porno-miseria que comandó el discurso narrativo cinematográfico colombiano desde finales de los 70 hasta casi que nuestros días.
Lo más interesante de la realización de Norden es la efectividad para usar los pocos recursos técnicos con que contaba la producción. Al no tener la capacidad de usar muchos recursos económicos (menos pensar en grandes efectos especiales), Norden se decanta por usar la edición de sonido como un elemento esencial en su narración cinematográfica. Por lo tanto, en el transcurso del filme la sutilidad primará sobre lo explícito. Es por esto que en la película muchas veces se escucha más de lo que se ve en pantalla. El sonido de unos revólveres accionándose, unos gritos en el fondo que se apagan, el galope de unos caballos, mientras la cámara panea un pastizal, una calle, una casa o una Iglesia. No es necesario verlo para saber que ocurrió, la sutileza en la utilización de los recursos es lo que prima en esta película y, en mi humilde opinión, es su mayor virtud.
Una película atemporal, cruda, pero al mismo tiempo solemne, misteriosa, cautivadora; capaz de mantener al espectador enganchado durante sus 90 minutos de duración.
Por mi parte concluyo y esperen pronto otras películas para que compartamos opiniones sobre ellas.
Fuentes:
[1] La Violencia (s.f.). Recuperado de https://bibliotecanacional.gov.co/es-co/proyectos-digitales/historia-de-colombia/libro/capitulo11.html
[2] Brito, S. (2009). Los Conflictos sociales e ideológicos representados en la obra Cóndores no Entierran Todos los Días de Gustavo Álvarez Gardeazabal. Recuperado de https://repositorio.utp.edu.co/server/api/core/bitstreams/f51d1645-34a8-47e8-80fd-bc322207abd7/content
[3] Ospina, L. & Mayolo, C. (1977) ¿Qué es la porno miseria? recuperado de https://hambrecine.com/2015/02/25/que-es-la-porno-miseria/






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